La restauración de la antesala capitular de la Catedral de Toledo ha permitido recuperar un extraordinario jardín pintado por Juan de Borgoña y su taller en 1511. Durante más de dos siglos, parte de aquellas pinturas renacentistas permaneció literalmente detrás de los grandes armarios donde se custodiaban las actas del Cabildo. Lo que ha reaparecido no es una sencilla decoración vegetal, sino un complejo “jardín de la Virgen” poblado de flores, árboles, pájaros, ángeles y símbolos relacionados con el cardenal Cisneros.
- Un jardín pintado en el interior de la Catedral
- El escudo de Cisneros que llevaba siglos detrás del mueble
- Los armarios que terminaron ocultando las pinturas
- No eran exactamente frescos
- Cisneros y la construcción de un nuevo espacio para el Cabildo
- Hasta 17 capas sobre las pinturas originales
- El jardín vuelve a estar a la vista
Durante generaciones, miles de personas han visitado la Catedral de Toledo sin imaginar que, a apenas unos centímetros de donde caminaban, seguía existiendo uno de sus conjuntos pictóricos más delicados. No estaba enterrado bajo el pavimento ni oculto tras un muro levantado para hacerlo desaparecer. Tampoco formaba parte de esos supuestos pasadizos secretos que tantas veces se atribuyen al templo. Estaba, sencillamente, detrás de unos muebles.
El lugar es la Antesala Capitular, la pequeña estancia que precede a la magnífica Sala Capitular de la Catedral, utilizada durante siglos como espacio de preparación para las reuniones del Cabildo y también para custodiar parte de su documentación.
En febrero de 2025, los trabajos de restauración emprendidos con motivo del VIII Centenario de la Catedral obligaron a desmontar uno de los grandes armarios instalados junto a sus muros. Al retirarlo quedó al descubierto una parte del programa pictórico realizado en 1511 por Juan de Borgoña y su taller, que llevaba fuera de la vista desde finales del siglo XVIII. (RTVE)
No fue, conviene precisarlo, un descubrimiento surgido completamente de la nada. Se sabía que la decoración visible en las zonas superiores podía continuar detrás de los muebles y las catas realizadas durante la intervención ya habían proporcionado algunas pistas. Otra cosa era saber qué permanecía allí, cuál era su extensión y, sobre todo, en qué estado habría sobrevivido después de tantos años protegido —y al mismo tiempo oculto— por la madera. (ToledoDiario)
Cuando desapareció el armario, volvió a verse el jardín.

Un jardín pintado en el interior de la Catedral
No hubo nunca árboles creciendo en aquella habitación ni flores plantadas entre sus muros. El jardín es una construcción pictórica, una escenografía creada hace más de quinientos años para envolver la entrada a uno de los espacios más importantes de la Catedral.
Juan de Borgoña y sus colaboradores cubrieron la Antesala Capitular con una abundante decoración vegetal que responde a una imagen muy concreta de la tradición cristiana: el Hortus conclusus, literalmente el “jardín cerrado”.
La expresión procede del Cantar de los Cantares y fue adquiriendo durante la Edad Media una interpretación mariana. Aquel recinto protegido, fértil y separado del exterior terminó convirtiéndose en una representación simbólica de la pureza y la virginidad de María.
La nueva Sala Capitular había sido impulsada a comienzos del siglo XVI por el cardenal Francisco Jiménez de Cisneros, franciscano, arzobispo de Toledo y una de las figuras políticas y religiosas más influyentes de su tiempo. La decoración de la antesala participa de ese ambiente espiritual y mariano, aunque lo hace utilizando un lenguaje artístico que ya estaba dejando atrás buena parte de los códigos medievales. (Europa Press)
En la parte inferior aparecen vegetación, flores y otros elementos ornamentales que construyen visualmente ese jardín protegido. Sobre ellos se distribuyen pequeños ángeles y, más arriba, el muro parece abrirse al exterior mediante ventanas fingidas desde las que se contempla un paisaje con árboles y pájaros volando al amanecer.
El efecto debió de resultar sorprendente a comienzos del siglo XVI. La pared dejaba de ser visualmente una superficie cerrada para convertirse en una abertura hacia un paisaje que, en realidad, nunca estuvo allí.
La restauración ha permitido también detenerse en un aspecto que antes resultaba mucho más difícil de apreciar: la enorme variedad de vegetación representada. Los especialistas estudian ahora las distintas especies y preparan un análisis específico de esa botánica pintada hace cinco siglos. Las informaciones difundidas durante la presentación de los trabajos hablan de alrededor de una veintena de tipos o especies vegetales diferentes, aunque las fuentes no coinciden siempre al distinguir flores, plantas y árboles, por lo que será necesario esperar al estudio monográfico para conocer la identificación definitiva. (RTVE)

El escudo de Cisneros que llevaba siglos detrás del mueble
La parte recuperada permite comprender mejor cómo estaba concebido todo el programa decorativo. No se trataba de llenar los espacios vacíos con hojas y flores, sino de construir una composición coherente en torno a la figura de Cisneros y al simbolismo religioso del lugar.
Las pinturas descubiertas tras el armario instalado en 1780 están organizadas en tres escenas delimitadas por pilastras y un zócalo. En el centro aparece el escudo del cardenal Cisneros, representado en forma de testa de caballo y acompañado por dos cornucopias de la abundancia.
Por encima se disponen una corona de laurel, el capelo cardenalicio y sus cordones, sostenidos por dos querubines. A los lados aparecen jarrones con flores: uno con clavelinas y otro con azucenas. Las composiciones laterales prolongan ese repertorio vegetal mediante árboles frutales, jarrones y figuras infantiles. (ToledoDiario)
Todo aquello seguía en su sitio mientras, delante, se almacenaban durante décadas las actas de las reuniones del Cabildo.
Los armarios que terminaron ocultando las pinturas
Los muebles responsables de que parte de la decoración desapareciera de la vista tampoco son objetos sin importancia. El más antiguo fue realizado en madera de nogal por el escultor Gregorio Pardo entre 1549 y 1551, apenas cuatro décadas después de que Juan de Borgoña terminara las pinturas. Más de dos siglos después, en el muro opuesto, se instaló un segundo gran armario diseñado para imitar al anterior, obra de Gregorio López Durango en 1780.
Ambos tenían una función práctica: custodiar documentación y las actas del Cabildo. Para colocarlos hubo que cubrir inevitablemente parte de las paredes pintadas. Algunas zonas quedaron ocultas ya en el siglo XVI; otras desaparecieron de la vista a partir de 1780. Con el paso del tiempo, aquellos enormes muebles terminaron integrándose de tal manera en la imagen habitual de la estancia que acabaron pareciendo parte inseparable de ella. (Archidiócesis de Toledo)
La restauración no ha supuesto la pérdida de los armarios. Fueron desmontados cuidadosamente por módulos y trasladados al Museo de Tapices y Textiles de la Catedral, donde continúan conservándose como las piezas históricas que también son. (Fundación ACS)
Al quedar libres los muros, la Antesala Capitular recuperó una apariencia mucho más próxima a la que debió de tener a comienzos del siglo XVI.
No eran exactamente frescos
La intervención ha permitido aclarar también una cuestión técnica que suele pasar desapercibida. Durante años estas pinturas han sido descritas de manera genérica como frescos. Sin embargo, el estudio directo realizado durante la restauración ha permitido precisar que fueron ejecutadas mediante pintura al óleo sobre yeso, una técnica diferente al fresco propiamente dicho. (Archidiócesis de Toledo)
Hay otro detalle interesante. En la gran Sala Capitular sí se ha podido estudiar el dibujo preparatorio utilizado por Juan de Borgoña para organizar sus composiciones. En la antesala, en cambio, los restauradores no han localizado esas líneas previas, lo que apunta a una ejecución mucho más directa sobre el propio muro. (CMMedia)
Juan de Borgoña no era, desde luego, un pintor menor dentro del panorama artístico de su tiempo. El Museo Nacional del Prado lo considera uno de los maestros fundamentales activos en España a comienzos del siglo XVI y concede a su producción toledana un papel destacado en la introducción de las formas renacentistas en Castilla. Está documentado trabajando en Toledo desde 1495 y su pintura muestra claras conexiones con los ambientes artísticos de Toscana y Umbría, aunque la posible estancia italiana que explicaría esas influencias no ha podido demostrarse documentalmente. (Museo Nacional del Prado)
Entre 1509 y 1511 realizó precisamente una de sus obras más importantes: la decoración de la Sala Capitular de la Catedral de Toledo, situada al otro lado de este pequeño jardín.

Cisneros y la construcción de un nuevo espacio para el Cabildo
La aparición de las pinturas se entiende mucho mejor al mirar el conjunto completo. Hasta comienzos del siglo XVI, la sala utilizada por el Cabildo se encontraba en el espacio que hoy ocupa la Capilla Mozárabe. Cisneros reorganizó aquella zona de la Catedral y promovió la construcción de una nueva Sala Capitular junto al ábside.
La antesala fue trazada por Enrique Egas y Pedro Gumiel dentro de un complejo levantado aproximadamente entre 1504 y 1512. Su arquitectura reúne elementos del último gótico, del mudéjar y de un Renacimiento que comenzaba entonces a asentarse en Castilla, una combinación que suele relacionarse con el denominado “estilo Cisneros”. (Catedral Primada de Toledo)
Aquella pequeña habitación no era, por tanto, un simple pasillo. Los canónigos pasaban por ella antes de acceder a la Sala Capitular, preparaban allí las reuniones y manejaban parte de la documentación necesaria para el funcionamiento cotidiano del Cabildo. El artesonado, las yeserías y la pintura formaban parte de una misma escenografía.
Primero se atravesaba el jardín mariano. Al otro lado esperaba la Sala Capitular, con sus grandes composiciones religiosas, la galería de retratos de los arzobispos toledanos y uno de los artesonados más espectaculares de la Catedral.
La decoración vegetal de la antesala adquiere así otra dimensión. No era simplemente un ornamento agradable colocado antes de una estancia importante, sino el comienzo visual y simbólico de todo el programa concebido para aquel espacio.

Hasta 17 capas sobre las pinturas originales
Recuperar aquel conjunto exigía algo bastante más complejo que retirar dos muebles. Sobre las pinturas se habían acumulado durante siglos limpiezas, ceras, barnices, repintes, suciedad y sucesivas intervenciones. Los restauradores llegaron a identificar en algunas zonas hasta 17 capas diferentes superpuestas sobre la obra original. También había pequeños orificios, pérdidas de pigmento y marcas dejadas por los sistemas utilizados para sujetar los armarios a las paredes. (eldiario.es)
La intervención ha afectado a alrededor de 150 metros cuadrados de pintura mural, además de unos 10 metros cuadrados de yeserías y aproximadamente 75 metros cuadrados de artesonado policromado. En el proyecto han participado restauradores, químicos, historiadores, archiveros, yesaires, vidrieros y otros especialistas, con una inversión global cercana a los 390.000 euros. (Europa Press)
La restauración tampoco ha buscado devolver artificialmente las pinturas a 1511. Se han eliminado elementos que dificultaban la lectura de la obra original, se han consolidado las zonas deterioradas y se ha aplicado una reintegración cromática controlada allí donde era necesario, manteniendo visibles las huellas que forman parte de los más de cinco siglos de historia del conjunto.
El jardín vuelve a estar a la vista
La Antesala Capitular restaurada fue presentada y abierta nuevamente al público el 12 de mayo de 2026, dentro de las actuaciones vinculadas al VIII Centenario del inicio de la construcción de la Catedral gótica de Toledo. (EFE)
Quien pase ahora hacia la Sala Capitular puede detenerse unos minutos antes de entrar. El espacio ha cambiado. Vuelven a distinguirse con claridad el escudo de Cisneros, los jarrones, las flores, las cornucopias, los pequeños ángeles y aquellas ventanas fingidas que Juan de Borgoña abrió sobre las paredes hace más de cinco siglos.
También están los árboles y los pájaros, suspendidos sobre un amanecer pintado en 1511. Durante mucho tiempo apenas pudieron verse. Estaban detrás de los armarios.
Bibliografía consultada:
- Archidiócesis de Toledo. (2024, 27 de noviembre). El Cabildo Primado continúa su gran programa de restauraciones en la Catedral. Archidiócesis de Toledo. Consultar fuente
- Catedral Primada de Toledo. (s. f.). Sala Capitular. Catedral Primada de Toledo. Consultar fuente
- EFE. (2026, 12 de mayo). La Catedral de Toledo exhibe restauradas las pinturas de Juan de Borgoña. EFE. Consultar fuente
- Europa Press. (2026, 12 de mayo). La Antesala de la Catedral de Toledo vuelve a lucir las pinturas de Borgoña, tapadas durante siglos por unos armarios. Europa Press. Consultar fuente
- Fundación ACS. (2026, 12 de mayo). Inauguración de la Antesala Capitular de la Catedral Primada, Toledo. Fundación ACS. Consultar fuente
- Manjavacas, F. (2026, 12 de mayo). La Catedral de Toledo culmina la restauración de los murales de Juan de Borgoña ocultos durante siglos. ToledoDiario. Consultar fuente
- Museo Nacional del Prado. (s. f.). Juan de Borgoña. Museo Nacional del Prado. Consultar fuente
- Revista Catedral de Toledo. (2026, 22 de mayo). El jardín mariano del zaguán capitular de la Catedral de Toledo. Revista Catedral de Toledo. Consultar fuente
- Rubio, I. (2026, 12 de mayo). La Catedral de Toledo restaura un tesoro oculto de Juan de Borgoña tras siglos tras unos armarios. RTVE. Consultar fuente
- ToledoDiario. (2025, 11 de febrero). Salen a la luz pinturas de Juan de Borgoña de 1511 en la Catedral de Toledo tras desmontar un armario. ToledoDiario. Consultar fuente
Y tras la antesala, accedemos a la maravilla:

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