En su blog, el historiador y guía Felipe Vidales se ha hecho eco recientemente de un trabajo que ha reabierto uno de los debates más persistentes en torno al monasterio de San Juan de los Reyes. En el último número del Boletín del Seminario de Estudios de Arte y Arqueología de la Universidad de Valladolid, la profesora Laura Rodríguez Peinado, junto a Raúl Romero Medina, ha publicado el artículo «Me desgarraron las entrañas». San Juan de los Reyes y los textiles del monumento funerario de Isabel I de Castilla, un estudio que revisa con rigor documental la vieja idea de que los Reyes Católicos, en especial Isabel la Católica, quisieron ser enterrados en este monasterio toledano.
- La muerte de Isabel la Católica y un problema muy terrenal
- Toledo nunca quedó fuera del relato
- Un testimonio que obliga a hacerse preguntas
- Un monumento funerario que nunca fue decorativo
- ¿Por qué conservarlo si no custodiaba nada?
- Lo que sabemos hoy
- El testamento de la reina y la posibilidad de un cuerpo “entero”
- ¿Qué pudo suceder con las entrañas de la reina Isabel?
- San Juan de los Reyes, un lugar donde la memoria se quedó
- Fuentes:
Aunque ese proyecto nunca se materializó en forma de sepultura regia, la investigación plantea una hipótesis tan sugerente como bien fundamentada: que las entrañas de la reina Isabel la Católica sí pudieron reposar en San Juan de los Reyes, vinculadas a un monumento funerario temporal, realizado en madera y con textiles de alto valor, hoy desaparecido. Un planteamiento que, como señala Vidales, obliga a mirar de nuevo a Toledo como un escenario clave en la memoria funeraria de la reina.
¿Se conservan en la iglesia de San Juan de los Reyes las entrañas de la reina Isabel la Católica?
No es una leyenda urbana ni una especulación moderna. Es una cuestión que aparece documentada en fuentes del siglo XVI, mencionada por los propios religiosos del convento y sostenida por una realidad material difícil de ignorar: durante décadas, la monarquía mantuvo en este lugar un monumento funerario permanente dedicado a la reina, ricamente adornado y cuidadosamente preservado.
Este artículo no pretende resolver el interrogante de forma tajante —la Historia rara vez lo permite—, pero sí explicar por qué la pregunta es razonable, qué dicen los documentos y qué papel jugó Toledo en la compleja escenografía funeraria de una de las figuras más decisivas de la historia de España.
La muerte de Isabel la Católica y un problema muy terrenal
Cuando falleció Isabel I de Castilla, el 26 de noviembre de 1504, su muerte activó un engranaje político y ceremonial de enorme complejidad. La reina había elegido Granada como lugar de enterramiento, pero su cuerpo se encontraba en Medina del Campo. El traslado hasta la Alhambra iba a durar semanas, en pleno invierno, por caminos lentos y difíciles.
En ese contexto, el embalsamamiento del cadáver era casi inevitable. Y embalsamar, a comienzos del siglo XVI, implicaba generalmente la extracción de las vísceras. Era una práctica conocida en la realeza europea, pensada no para la posteridad simbólica, sino para resolver un problema práctico: conservar el cuerpo durante un largo viaje.
Lo llamativo no es ese procedimiento, sino lo que vino después: no sabemos con certeza dónde se enterraron esas entrañas.
Toledo nunca quedó fuera del relato
Aunque Granada fue el destino final, Toledo nunca desapareció del horizonte funerario de Isabel la Católica. En su testamento dejó claro que, si su cuerpo debía reposar de manera provisional antes de llegar a Granada, ese lugar debía ser la iglesia del Monasterio de San Juan de los Reyes.
No era una elección casual. San Juan de los Reyes era una fundación profundamente ligada al proyecto político y simbólico de los Reyes Católicos. Concebido en origen como posible panteón real, el edificio nunca perdió del todo ese carácter memorial, aunque finalmente los enterramientos dinásticos se concentraran en otros lugares.
Ese vínculo con la reina no se rompió tras su muerte.
Un testimonio que obliga a hacerse preguntas
En 1568, más de sesenta años después del fallecimiento de Isabel, el guardián del monasterio, fray Francisco de Guzmán, escribió al rey Felipe II una frase tan prudente como reveladora. En la capilla mayor de San Juan de los Reyes —decía— “dicen que están las tripas de la reina católica”.
No afirmaba que fuera cierto. Tampoco lo negaba. Reconocía que no se sabía con seguridad, porque habían pasado muchos años. Pero el simple hecho de que esa idea circulase dentro del propio convento es significativo. No estamos ante una tradición popular tardía, sino ante una creencia documentada en el seno de la institución.
Un monumento funerario que nunca fue decorativo
Desde comienzos del siglo XVI, San Juan de los Reyes albergó un monumento funerario permanente dedicado a Isabel la Católica. No se trataba de una tumba convencional, sino de un catafalco, un “bulto” simbólico que representaba la presencia regia.
Lo relevante no es solo su existencia, sino su mantenimiento a lo largo del tiempo. Durante los reinados de Carlos V y Felipe II se documentan encargos reiterados de textiles de gran calidad para cubrir este monumento: terciopelos negros, brocados, cruces de tela de oro o raso carmesí, escudos reales bordados en seda y oro, alfombras con las armas de la reina.
Todo ello fue sufragado con fondos de la Corona y supervisado por oficiales reales. No era un gesto ocasional ni un recuerdo abandonado: era una memoria funeraria activa, cuidada y renovada durante décadas.

¿Por qué conservarlo si no custodiaba nada?
Esta es la pregunta clave. Los investigadores que han analizado la documentación no afirman que las entrañas de la reina estén allí enterradas de forma concluyente. Pero sí señalan algo esencial: en la cultura funeraria de la época, no era necesario conservar el cuerpo completo para justificar un monumento de este tipo.
Las entrañas, el corazón u otros órganos podían ser enterrados por separado y funcionaban como depositarios simbólicos de la memoria del difunto. La presencia de una parte del cuerpo era suficiente para legitimar ceremonias, ornamentos y rituales conmemorativos.
Desde esa perspectiva, el cuidado extremo del catafalco de Isabel en San Juan de los Reyes adquiere pleno sentido.

Lo que sabemos hoy
No existe una prueba definitiva que confirme que las entrañas de Isabel la Católica estén enterradas en San Juan de los Reyes. Pero sí existen indicios sólidos que hacen razonable la pregunta:
- La práctica del embalsamamiento entre la realeza, documentada en otros casos, lo hace plausible.
- Toledo fue un espacio funerario previsto y utilizado.
- El monasterio mantuvo una memoria funeraria permanente.
- Existía, dentro del propio convento, la convicción de custodiar una parte de la reina.
- En la actualidad, no hay ningún rastro ni del catafalco ni de los posibles restos internos de la reina Isabel I.
El testamento de la reina y la posibilidad de un cuerpo “entero”
No obstante, otras investigaciones invitan a matizar —e incluso a cuestionar— la hipótesis de la extracción de las entrañas de Isabel la Católica. En un estudio (Cabrera Sánchez, M.) se recuerda que la propia reina dejó expresado en su testamento el deseo de que su cuerpo fuese trasladado a Granada “entero”, admitiendo únicamente la posibilidad de una sepultura provisional en otro lugar si el viaje no pudiera realizarse por la distancia o por el tiempo, pero sin mencionar en ningún caso la manipulación post mortem de sus restos. Esta voluntad explícita sugiere un rechazo consciente al desmembramiento del cadáver, aun cuando ello supusiera retrasar o condicionar el enterramiento definitivo. De hecho, las fuentes conocidas no aportan datos sobre ningún tratamiento del cuerpo, y el traslado desde Medina del Campo hasta Granada se realizó en pleno otoño de 1504, cuando las bajas temperaturas pudieron favorecer la conservación natural del cadáver durante el largo cortejo fúnebre. Desde esta perspectiva, algunos autores consideran plausible que las entrañas de la reina no fueran extraídas en ningún momento, lo que obliga a contemplar la memoria funeraria documentada en San Juan de los Reyes no como prueba directa de un enterramiento visceral, sino como una construcción simbólica destinada a perpetuar la presencia regia en un espacio clave de su proyecto político y espiritual.
“También quiero y mando que si falleciera fuera de la ciudad de Granada, que sin tardanza lleven mi cuerpo entero como estuviera a la ciudad de Granada. Y si por la distancia del camino por el tiempo no se pudiese llevar a dicha ciudad de Granada, que en tal caso lo pongan y depositen en el monasterio de San Juan de los Reyes de la ciudad de Toledo.” (Testamento de Isabel I de Castilla, fuente)

¿Qué pudo suceder con las entrañas de la reina Isabel?
A falta de una prueba material concluyente, las fuentes permiten plantear varias hipótesis razonables sobre el destino de las entrañas de Isabel la Católica en San Juan de los Reyes. Cabe pensar en un depósito consciente y duradero, destinado a mantener viva la memoria funeraria de la reina en un monasterio estrechamente vinculado a su proyecto político, aun cuando el enterramiento definitivo se realizara en Granada. Tampoco puede descartarse un enterramiento provisional seguido de una posterior traslación hoy no documentada, ni que los restos se perdieran en alguno de los episodios de destrucción que sufrió el edificio a lo largo del tiempo. En este sentido, la ocupación francesa durante la Guerra de la Independencia y los graves destrozos que padeció el monasterio —saqueos, incendio, expolios y la desarticulación de espacios litúrgicos— pudieron provocar la desaparición definitiva de elementos funerarios cuya existencia ya no se comprendía o no se consideraba relevante. Lo que sí parece claro es que durante décadas existió en San Juan de los Reyes una memoria material y ceremonial asociada a Isabel I, lo suficientemente sólida como para generar una tradición interna que hablaba de la presencia de sus entrañas.

San Juan de los Reyes, un lugar donde la memoria se quedó
Más que un enigma, este asunto es un ejemplo de cómo la investigación histórica, cuando se apoya en documentos y análisis material, obliga a replantear certezas asumidas. San Juan de los Reyes no fue solo un gran monumento artístico del tardogótico. Fue también un espacio donde la memoria de Isabel la Católica permaneció de forma tangible, aunque invisible.
Y Toledo, una vez más, aparece como escenario clave de una historia que todavía no ha terminado de contarse.

Fuentes:
Este artículo se basa exclusivamente en el estudio académico de:
Rodríguez Peinado, Laura & Romero Medina, Raúl (2025).
«Me desgarraron las entrañas». San Juan de los Reyes y los textiles del monumento funerario de Isabel I de Castilla.
BSAA arte, nº 91, pp. 271–298. Universidad Complutense de Madrid.
Cabrera Sánchez, M. (s. f.) “Cuerpo regio y embalsamamiento durante el Medievo en los reinos hispánicos“. En OpenEdition Books.
Vidales, F. (2025). San Juan de los Reyes y las entrañas de la reina Isabel I de Castilla: Laura Rodríguez Peinado. Tulaytula.

