De entre todas las curiosidades, misterios e historias que se narran de boca en boca durante siglos, aquellas relacionadas con los subterráneos toledanos son las que más proliferan de entre aquellos que realmente desean conocer el Toledo más oculto…

INTRODUCCIÓN al Toledo Subterráneo

Es imposible fijar dónde arranca la tradición ocultista de Toledo. ¿Pudo haber cultos iniciáticos  y celebraciones mistéricas en la Toledo prerromana, como quieren los libros medievales? Lo que sí es cierto es que en la Edad Media, Toledo aparece como uno de los más fabulosos centros del ocultismo. No en vano se trata de la única ciudad europea donde existe una fructífera vivencia entre árabes, judíos y cristianos. La ciencia europea de entonces, rudimentaria y llena de fantasía, unida al saber islámico y oriental produce aquí una eclosión sensacional de magos, alquimistas, zahoríes y adivinos, astrólogos, poetas, traductores, médicos y ocultistas venidos de todas las partes de¡ mundo; un foco cultural extraordinario en el que la ciencia se mezcla muchas veces con la magia, la magia con la religión, la mitología con la historia… y que debe mantener su  carácter «subterráneo», no sólo por la naturaleza de tales saberes ocultos, sino además por el miedo a la terrible Inquisición. (www.leyendasdetoledo.com)

Este saber mágico pudo en ocasiones gozar de toda consideración e incluso ascender a los  propios alcázares reales, como en la época de Alfonso X, quien tenía habitaciones en sus propios palacios para alquimistas y astrólogos árabes  y judíos. Pero normalmente, sobre todo conforme, el tiempo va pasando, los árabes fueron expulsados y los judíos perseguidos, tuvo que ocultarse en los subterráneos y sótanos de que está Toledo lleno.

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En el libro “El árbol de las Hespérides”, de Marío Roso de Luna, hay una narración titulada “La venta del alma (una página del Toledo judío); cuenta Roso de Luna que en uno de sus paseos por Toledo, encontró un manuscrito de un judío. En él se nos dice que un joven judío, registrando en los muebles de su tío, encuentra una llave que te abre un subterráneo laberíntico. Descubierto allí por su tío, éste le pone en antecedentes sobre el lugar y los tesoros que en aquel subterráneo se ocultan:

«No ignoras -le dice- las desgracias de nuestra raza, doquier perseguida y doquier potente. De la catástrofe que arrebató a mis padres y a mis deudos a poco de tú nacer, sólo he sobrevivido yo, aquí en este vetusto Toledo ciudad que, según tradición constante, el Señor fundó cuando hizo el sol, porque cuando le encendió con su divina llama ya estaba en su mente hacer a ella sol de la divina hispana tierra. El poder de la inquisición contra los míos se hubo de doblegar al invencible de mi magia cabalística, heredera directa de la que Tubaal, Tu¡¡-it o Hércules enseñaron en estos lugares mismos después del gran Diluvio. Y yo quedé aquí, rodeado de un puñado de elegidos poseedores del secreto de la Piedra filosofal, la Clavícula de Salomón Y el Génesis de Enoch, base de la desdichada apocalipsis, amén de las colecciones de Pistorius, de las tesorerías de Porfirio y de otros secretos de nuestro pasado, tales como el de ese tesoro que la fatalidad os ha hecho descubrir.»

Tesoros ocultos, riquezas fabulosas, y sobre todas ellas la más preciada, la “Piedra Filosofal” que los alquimistas se esforzaban por obtener en los sótanos toledanos. Don Juan Manuel, en su libro sobre El Conde Lucanor, nos cuenta la divertida historia de lo que aconteció a un dean de Santiago con el mago don Illán de Toledo:

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-«Señor conde -dijo Patronio-, en Santiago había un dean que había muy gran voluntad en saber el arte de la nigromancia, e oyó decir que don Illán de Toledo sabía ende más que ninguno que fuese en aquella sazón: e por ende vinose para Toledo para aprender aquella ciencia.» Llegó el deán cuando don Illán se disponía a cenar unas perdices; pero antes el deán expone al mago su propósito y éste le conduce «por una escalera de piedra, muy bien labrada y fueron descendiendo por ella a muy gran pieza en guisa que parecían tan bajos que pasaba el río Tajo sobre ellos». Cuando están enfrascados en sus libros, llegan noticias de que al deán le hacen arzobispo de Santiago; luego. es nombrado obispo de Tolosa, luego cardenal y, finalmente Papa, y el pobre don Illán, que consecutivamente va pidiendo al dean los puestos vacantes para su sobrino, no consigue nada excepto, finalmente, la amenaza del recién papa de arrojarle a la cárcel por hereje y nigromante Y en ese mismo momento el eclesiástico se encuentra de nuevo en los sótanos de Toledo, siendo dean y frente a don Illán, que naturalmente le despide con vientos frescos sin darle parte de sus riquísimas perdices.

Toda la ciudad de Toledo está llena de sótanos; cualquier casa los tiene y la mayoría de ellos son muy antiguos. Pero hay algunos especialmente famosos.

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