Roma y Toledo tienen muchas similitudes. Como ciudad, se asientan sobre siete colinas; son surcadas por un río que las dota de un marcado carácter, y durante milenios han albergado importantísimas civilizaciones.

Desde que Fulbio Nobilior conquistase la primitiva ciudad ahora llamada Toledo, el nucleo de población más importante de la zona se pasó a denominar Toletum.

Numerosos son los restos que esta civilización dejó en los alrededores de la actual ciudad, un circo, un anfiteatro, una naumaquia (estanque para simular batallas navales), un puente y un imponente acueducto, restos de varias calzadas, murallas (como las que hay en el Museo de Santa Cruz), alcantarillas, termas… Basta para dar una idea de las magníficas construcciones que tuvo Toledo en esta época observar los objetos y magníficos mosaicos del Museo Arqueológico.

Acueducto de Toledo, reconstrucción

Recreación del Acueducto de Toledo según Rey Pastor (Fuente: Eduardoasb en Flickr.com)

Como afirma D. Luis Moreno Nieto en su libro “Toledo, sucesos, anécdotas y curiosidades” (Ed. Zocodover), “De antiguo viene el decir en historias y descripciones que entre las dos Romas, la del Tíber y la del Tajo – u occidental -, existen puntos de semejanza y hasta se ha llegado a afirmar que algunos detalles de la ciudad carpetana fueron copiados de la capital del Imperio Romano”.

Así lo vemos consignado en la Historia de Toledo que hace Martín Gamero, quien lo toma de la del Conde de Mora, inspirado en las románticas descripciones del P. Román de la Higuera, reputado de soñador e inexacto.

Toledo, durante la dominación romana, sin llegar a ser tan exagerados como Martín Gamero, si fue una ciudad importante en el marco imperial. Gozó de Procónsules, Magistrados, privilegios, monumentos, legión, vías, oficinas públicas, imponiéndose el idioma (latín), las costumbres y las creencias paganas romanas en secución del idioma celtíbero y de los ritos y ceremonias prehistóricos rudimentarios, y es lógico pensar que nombres, personas, lugares, tomaran a imagen y semejanza las características de la capital del Imperio, nombres y costumbres que desaparecieron con la llegada de los visigodos, pero que no es utópico reconstruir.

Una relación que hace D. Luis Moreno de lugares de la antigua Roma que tuvieron y tienen sus similres en la Toledo hispana son:

En Roma En Toledo

– Vicus Novus

– Vicus Floximus

– Sandalario.

– Barrio de Taberneros.

– Barrio de tres calles.

– Libicus Publicus.

– Arcus Bifrons.

– Forum maius.

– Vicus Frumentarius.

– Campo Marcio.

– Arbol Santa.

– Barrio Nuevo

– El Alfahar o alfares

– Zapatería y Chapinería.

– Tendillas de San Nicolás y Sancho Bienaya.

– Cuatro Calles.

– Calle del Cristo de la Cruz (Torrentero).

– Arco de Barrio Nuevo o de la Judería.

– Plaza Mayor.

– Alhóndiga.

– La Vega Baja.

– Alamillo de San Cristóbal; durante la dominación romana,

estuvo dedicado a Hércules.

También es digno de destacar que se dice a Roma la ciudad de las siete colinas, pues sobre ellas fue levantada (Montes Capitolino, Palatino, Quirinal…) Toledo, sin disputa, tuvo en sus días de señora del mundo, sus montes Palatino, Citorio, Capitolino, Celio, Thermal, Aquilino, Viminal y Testáceo. Nombres que se dieron a lugares ahora conocidos por San Román, Montichel, el Cerro del Alcázar…

Abundan, pues, los restos arqueológicos de origen Romano en Toledo que testimonian más de seis siglos de dominación romana. En Zocodover, bajo los muros del Alcázar, en la mezquita de Tornerías, en las calles de San Ginés (recordemos las famosas cuevas de Hércules), Amador de los Ríos, la puerta de Bab al-Mardúm quedan sillares procedentes de la conducción de aguas, de las termas y de las cloacas que denotan la existencia de no pocos edificios destinados a viviendas de los que por desgracia no ha quedado ninguno en pie… O acaso piensan que durante la Edad Media se dedicaron a construir murallas picando la grandísima cantidad de bloques que las componen, o las piedras de palacios, castillos y conventos que cubren la actual Toledo… Gran parte de ellos son restos de estos sillares, del antiguo acueducto, del templo de Júpiter que hubo en Toledo, del saqueo del circo Romano… Nada fue respetado.

Fuera del recinto amurallado si quedan algunos vestigios de esta gloriosa época: el acueducto (ver representación romántica en esta página), el circo, las dos calzadas, el anfiteatro y el puente al que los árabes luego llamaron Al-Qantara, aparte de una necrópolis y no pocas villas suntuosas que, como dijimos, jalonan el Tajo (Vega Baja, Vinagra, Mazarracín, Paseo de la Rosa…).

Imagen romántica del acueducto que en su día cruzó el Tajo para llevar agua a los habitantes del Toledo Romano. Hoy en día sólo quedan los machones de arranque del acueducto.

Restos del Acueducto Romano de Toledo

Restos del Acueducto Romano en Toledo (Foto: Toledo Ciudad Imperial en Flickr.com)

La importancia, pues, de la Toletum romana fue notable… Tan sólo se ha de recordar que Toledo llegó a albergar un circo con capacidad para 13.000 espectadores y se construyó un canal de 38 kilómetros con una presa de 21 metros de altura para que el agua llegara a Toledo desde Mazarambroz…

Como bien afirma D. Luis Moreno Nieto, “Aunque arruinado, el circo es entre todos los edificios que recuerdan a los romanos el más conocido de los toledanos, muchos de los cuales miran y remiran aquellas nobles y antiguas argamasas con un gesto de perplejidad…”

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