Toledo, los octaniones y la teoría de Cuerdas

Un artículo de Juan Jesús Martín Tardío

0
204

Después de nuestra charla y correos cruzados de ayer, sobre los octaniones y las once dimensiones de la actual teoría de cuerdas, temas estos sobre los cuales quedé en pensar y desarrollar hoy, te diré que no he dado ni golpe al respecto pues he encontrado una forma mucho más gratificante de pasar la mañana y divertirme.

Me dirigí a mi Toledo para hacer algo que llevaba tiempo deseando, he dejado el coche en el aparcamiento junto al río, en el salto de Safont. Y desde ahí, a pié, he dado la vuelta completa a Toledo, bordeando el Tajo por su Torno, por su Valle, por los cigarrales…, y como se suele decir lo he pasado de puturrufú, embelesado, pensando, observando, recordando todo lo que por aquí viví en los años cuarenta y soñando con un mundo mejor y más humano.

Entré en el Torno por el Granadal, por el puente de Alcántara y la puerta de Doce Cantos, y con mi imaginación o mejor dicho con los ojos de mi imaginación que justamente desarrollé siendo niño en Toledo. Vi como cruzaba por ese puente la comitiva que llevaba el cadáver de la emperatriz Isabel, camino de su sepultura en Granada. Y vi cuando la despedía el entonces príncipe Felipe (luego Felipe II). La emperatriz murió en el Palacio de los Ayala, el palacio de Fuensalida,

De uno de mis libros:

En el año 1539 murió la emperatriz Isabel, esposa de Carlos V, murió de parto el día 1 de Mayo, llegaban las flores y se fue una flor. Se habían comenzado las obras del Alcázar y debido a ello, los emperadores vivieron en la casa de Conde de Mélito(hijo del Cardenal Mendoza), después se trasladaron al Palacio de Fuensalida(actual sede del Gobierno Autonómico), que era la casa de los Ayalas(Condes de Fuensalida), allí murió la Emperatriz.

Treinta y dos Grandes de España, sacaron el cuerpo de la emperatriz Isabel hasta la puerta del palacio, allí se lo entregaron a la autoridad civil de la ciudad, el corregidor y regidores y colocado en una enlutada litera lo llevaron a hombros hasta el puente de Alcántara. Presidió la comitiva el príncipe Felipe, seguido de los más altos dignatarios civiles y eclesiásticos del reino, así como de todo el pueblo. Al llegar al puente de Alcántara el féretro fue entregado a damas de la corte, autoridades eclesiásticas, al Marqués de Villena y otros nobles, y puesta la litera sobre dos acémilas se llevaron sus restos a Granada, donde fue enterrada.

El emperador consternado, se había retirado al monasterio extramuros de la Sisla, que en su día había sido patrocinio de los Pantojas (Señores de Mocejón) y en esos momentos lo era ya de los Álvarez de Toledo, Señores de Higares (Mocejón) y Olihuelas.

Y desde el puente de Alcántara, observé la casa en la que viví de pequeño en los años 40, aunque la puerta da a la calle de Cervantes el lateral da hacia el paseo del Carmen, que se divisa desde el puente de Alcántara. Esta casa fue la primera que se construyó en esa calle después de la guerra civil, pues por su proximidad al Alcázar toda aquella zona quedó destruida. La casa se construyó sobre el solar de lo que antiguamente fue el Mesón del Segoviano, donde durante cientos de años grandes escritores españoles pararon y escribieron sus poemas, novelas e historias, y quizá de haber habitado en ese mismo espacio físico me viene a mi la manía o la vena de escribir.

Seguí bordeando el Tajo y admirando mi Toledo, y estando en el puente nuevo de Alcántara y mirando hacia arriba, hacia la academia militar, sentí casi vértigo pues por esas paredes casi verticales de granito, corríamos los niños de pequeños, subíamos y subíamos, y ello me lleva a pensar que realmente existen los ángeles de la guarda, pues viéndolo ahora lo normal es que más de uno nos podíamos haber despeñado.

Y siguiendo mirando y admirando el entorno, centrado en mis recuerdos y en el amor a todo lo que existe, llegué a la Peña del Bocado, donde hoy hay una valla metálica para que nadie suba porque es muy peligroso, pero por ahí subíamos los niños, con martillos y cortafríos para obtener mica para nuestras colecciones de minerales.

Y arriba del todo de esa Peña y girando a la izquierda llegábamos a la famosa y mítica cueva del estudiante, hoy tapada su boca con cemento. Traté de acceder a ella por otro camino distinto, pero me fue imposible, no porque no se pueda llegar sino porque por la orografía y más yendo solo me puedo romper un hueso entre tantas rocas, caídas y subidas.

Admiré el arroyo de la Degollada al que tantas veces bajé de pequeño y desde él subíamos al cerro del Bu, corriendo, corriendo: Guripa el último. Hoy me llevaría horas hacer eso. Aún sigue corriendo el agua de arroyo, pero agua de H2O, no la sangre de la bella barquera judía que cuenta la leyenda medieval de la cueva del estudiante.

Me fui a la ermita del Valle, a meditar en su interior, y toqué su campana, y en su tañido se ahuyentaron los malos espíritus, función de toda campana de iglesia. Y vi la puerta de la Santería, cuando era pequeño los Santeros eran parientes de un amigo y compañero del colegio de los maristas, y después de correr por todos los montes del Valle, ellos nos daban agua y a veces alguna que otra chuchería.

Y sin parar, mirando, observando, recordando, estudiando, pensando, meditando, rezando, seguí… mi Camino, en este caso por el Torno de Toledo. Hablé a las rocas que aunque inertes también son hijas del Creador, a las plantas, los almendros, los olivos, los pinos, las encinas, los abejorros que estaban polinizando las flores de las Jaras, etc. etc. Hablé y admiré a la Luz, al Sol, al Tajo…, hablé con mi entorno como hacía de pequeño, con la Naturaleza y sus reinos, con lo macro y con lo micro, traté a través de la Creación de comunicar con… Dios.

Y di gracias, gracias, como trató de hacer en cada instante y en cada día de mi vida, gracias porque se me ha permitido llegar hasta aquí, gracias porque a mi edad sigo con la misma ilusión, ganas de aprender, ganas de amar a todo lo que existe, ganas de investigar, de vivir, ganas de elevar mi conciencia, ganas de seguir, como las que tenía cuando comencé la aventura de mi vida de pequeño en Toledo por los mismos lugares que hoy estoy paseando y reviviendo.

Y recorrí en mi conciencia las mil aventuras que viví de pequeño en este Toledo. Difíciles de transmitir en una nota Andrés, en mi libro Vivencias de la Niñez encontrarás algunas: http://www.telefonica.net/web2/jesustardio/Vivencias.htm (esta web ya no está activa, pueden descargar sus libros en este enlace)

Traté de tomar un bocata de ibérico en la hermosa y bella Venta del Alma, pero estaba cerrada, hoy estos lugares suelen vivir de noche, la gente no vive de día, con el padre Sol. Así que tuve que tomar el bocata en la Venta de San Martín.

Crucé el puente de San Martín, mirando hacia ambos lados, a la izquierda está el mítico Baño de la Cava, donde según la leyenda el rey Rodrigo sedujo a Florinda hija del conde Don Julián gobernador visigodo de Ceuta, y éste ante la deshonra, se vengó facilitando la entrada de los musulmanes en la Península.

Seguí bordeando Toledo, por la puerta del Cambrón, el paseo de Recaredo, la puerta de Bisagra, las Covachuelas, y de nuevo…, el aparcamiento donde tenía el coche.

Ha sido un gran día, genial, en la soledad, conmigo mismo, con mis recuerdos, con mis sueños, y anhelos aún por desarrollar y descubrir, una rememorización de las experiencias de niño en Toledo. Y un retorno a mi vida diaria y búsqueda de la verdad.

En otro momento reemprenderé la reflexión sobre lo que te interesa de la teoría de cuerdas y los octaniones.

Autor: Juan Jesús Martín Tardío

Nota: Juan Jesús murió en febrero de 2014. Su web ya no está activa, pero puedes descargar sus libros en este otro enlace. ¡Desde donde nos leas, gracias por tanto!

Deja una respuesta

Por favor, escriba su comentario
Por favor, escriba aquí su nombre

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.