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Tripería, Chapinería, Armas, Azacanes… los nombres de calles que conservan un Toledo que ya no existe

En Toledo seguimos dando direcciones con nombres de oficios desaparecidos hace siglos. Chapineros, cordoneros, torneros, azacanes, plateros… Incluso existió una calle de la Tripería por la que pasó Lázaro de Tormes y que hoy tiene otro nombre.

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Chapinería, Cordonerías, Tornerías, Azacanes, Sillería, la Plata, las Bulas… A fuerza de repetirlos, algunos nombres del callejero toledano han dejado de parecernos extraños. Pero detrás de esas placas hay zapateros, aguadores, espaderos, plateros, vendedores de ropa usada y hasta una calle, hoy con otro nombre, donde Lázaro de Tormes consiguió unas tripas cocidas para llevar a casa de su miserable amo.

A diario recorremos calles cuyo nombre ya no nos sorprende. Chapinería, Cordonerías, Tornerías, Azacanes, la Plata… están tan incorporadas al paisaje de Toledo que rara vez nos preguntamos de dónde vienen. Y, sin embargo, esos nombres conservan algo más que una simple referencia urbana: son restos de una ciudad organizada en torno al trabajo, al comercio y a los gremios, cuando muchas calles eran conocidas precisamente por lo que allí se fabricaba, se vendía o se hacía.

Julio Porres Martín-Cleto, referencia imprescindible para entender el callejero toledano, señalaba que los nombres de origen gremial formaban, después de los religiosos, uno de sus grandes grupos históricos. No es un detalle menor. Durante siglos, el nombre de una calle podía decir bastante sobre la actividad que se desarrollaba en ella y, en algunos casos, esa denominación sobrevivió mucho más tiempo que el propio oficio que la había originado.

Luis Hurtado de Toledo dejó en 1576 una descripción especialmente valiosa de aquella ciudad. En sus páginas aparece un Toledo lleno de talleres, pequeños negocios y trabajadores especializados, una economía urbana mucho más compleja de lo que hoy deja entrever el casco histórico. Buena parte de aquel mundo desapareció hace siglos, pero algunos de sus rastros siguen a la vista. Basta con levantar la cabeza y leer el nombre de la calle. Vamos a ello.

El gran centro comercial del Toledo medieval estaba junto a la Catedral

Buena parte de estos nombres se concentra alrededor de la Catedral, las Cuatro Calles, el Solarejo y las calles que van hacia Zocodover.

Aquí estuvo el Alcaná, uno de los grandes espacios comerciales del Toledo medieval. Los estudios de la Real Academia toledana sitúan este antiguo mercado en un área que comprendía terrenos entre Chapinería, Trinidad, San Ginés y el comienzo de Cordonerías. Las ampliaciones de la Catedral, especialmente la construcción del claustro impulsada por el arzobispo Pedro Tenorio a finales del siglo XIV y otras obras posteriores, hicieron desaparecer parte de aquel tejido urbano. Muchos comerciantes terminaron desplazándose hacia las Cuatro Calles, Hombre de Palo, Santa Justa y Cordonerías.

¿Los rótulos de las calles siempre estuvieron ahí?

Un inciso sobre el callejero toledano: No conviene decir que en la Edad Media las calles estaban «rotuladas» como hoy, porque no lo estaban. Hasta el siglo XIX la identificación funcionaba sobre todo por uso y conocimiento compartido de la ciudad. Julio Porres explica que los nombres nacían de manera espontánea —por una iglesia, un convento, un oficio, un personaje conocido o algún elemento singular— y acababan fijándose por costumbre. Para localizar una casa, la referencia principal era primero la colación o parroquia a la que pertenecía; después se afinaba indicando una calle ya conocida, la proximidad a un edificio reconocible, un adarve, una plaza, una puerta o incluso los propietarios de las casas colindantes. Ese modo de describir las direcciones pasó también a escrituras, contratos y testamentos, de manera que los escribanos contribuyeron a conservar nombres durante siglos. No fue hasta el XIX cuando comenzó a ordenarse de forma sistemática el callejero: una Real Orden de 24 de febrero de 1860 impulsó la formación de nomenclátores oficiales y el Ayuntamiento de Toledo aprobó el suyo el 22 de enero de 1864. De esa centuria proceden también algunos de los primeros rótulos físicos conocidos en Toledo, realizados con letras negras en relieve sobre piezas cerámicas; más tarde llegarían las placas metálicas esmaltadas y, en 1956, los azulejos que terminaron dando al callejero toledano buena parte de su aspecto actual.

Chapinería: zapatos con plataforma mucho antes de que alguien los considerara modernos

Esta calle desemboca frente a una de las puertas más hermosas de la Catedral. La conocemos como Puerta del Reloj, aunque también recibió los nombres de Puerta de la Feria y Puerta de la Chapinería.

Calle Chapinería, Toledo, placa. 25/08/26
Calle Chapinería, Toledo, placa. 25/08/26

Allí tuvieron sus tiendas los chapineros, artesanos especializados en la fabricación y venta de chapines. Una descripción histórica de la propia Catedral explica que la puerta recibió ese nombre porque en la calle situada frente a ella tenía sus establecimientos el gremio. Luis Hurtado de Toledo todavía encontraba en la Chapinería de 1576 a zapateros, chapineros y borceguineros.

El chapín era un calzado con una suela muy gruesa, generalmente de corcho, utilizado sobre todo por mujeres y que podía alcanzar una altura considerable. Servía para elevar el pie y el vestido respecto de un suelo que conviene no imaginar tan limpio como el empedrado turístico que vemos ahora.

Había además distinciones dentro del propio mundo del calzado. No era igual un chapinero que un zapatero dedicado a otras labores, y esa especialización terminó dejando varias huellas en el callejero.

Cordonerías: cuando Toledo fabricaba hasta el último detalle de un vestido

Desde las Cuatro Calles basta desviarse unos metros para entrar en Cordonerías. El nombre pertenece al mismo Toledo artesanal.

Los cordoneros trabajaban en la fabricación de cordones, trenzados y piezas de pasamanería utilizadas en vestidos, ornamentos y otros productos textiles. No hablamos de una actividad anecdótica. Las ordenanzas toledanas del siglo XVI conservan disposiciones específicas para la cordonería y la pasamanería y para los cordoneros de seda.

La zona estuvo además íntimamente ligada al Alcaná. Después de las transformaciones sufridas por el antiguo espacio comercial junto a la Catedral, parte de aquellas tiendas se desplazó hacia la entonces calle de los Alatares, aproximadamente la actual Cordonerías, que llegó a integrarse en el llamado Alcaná Nueva.

El nombre de Cordonerías aparece documentado más tarde y terminó imponiéndose. Julio Porres recoge su carácter gremial y recuerda que durante un tiempo convivió con la denominación de Alcaná.

Tornerías: una calle antigua, pero un nombre que llegó después

Tornerías tiene una historia especialmente interesante porque la calle es mucho más antigua que el oficio que terminó bautizándola.

Julio Porres relacionó su trazado con una antigua vaguada natural por la que descendían las aguas hacia el Tajo. Los restos arqueológicos conservados bajo la mezquita allí ubicada confirman además una ocupación antiquísima del lugar. La vía existía mucho antes de que nadie la llamara Tornerías.

En 1605 aparece citada como calle de los Torneros; en 1736 ya se documenta Tornerías y en 1778 aparece incluso en singular, Tornería.

Los torneros trabajaban piezas mediante torno, fundamentalmente de madera, en un mundo cotidiano que necesitaba mangos, husos, elementos de mobiliario, utensilios y multitud de pequeños objetos fabricados uno a uno.

Calle Tornerías, con la Mezquita. Toledo.
Calle Tornerías, con la Mezquita. Toledo.

Hay además otra capa de memoria mucho más reciente. La calle fue conocida popularmente como Pescaderías por la concentración de establecimientos de pescado relacionados con el cercano Mercado Municipal. Muchos toledanos aun recordamos el intenso olor a pescado al pasar por esta calle, tan solo un comercio dedicado a la pescadería subsiste en esta calle. El nombre oficial, sin embargo, siguió recordando a unos artesanos desaparecidos mucho antes.

Calle Armas: antes de la Fábrica estuvieron los artesanos

Pocas denominaciones parecen tan toledanas como ésta. La fama internacional de las armas blancas fabricadas en Toledo terminó asociándose, sobre todo desde el siglo XVIII, con la Real Fábrica de Armas creada durante el reinado de Carlos III. Pero la actividad espadera toledana era muchísimo anterior.

Los estudios históricos sobre los gremios de la ciudad incluyen Armas entre las vías cuyo nombre recordaba directamente una actividad artesanal. Un trabajo publicado por la Real Academia toledana a comienzos del siglo XX explica sin demasiados rodeos que calles como Armas, Chapinería o Borceguinería habían recibido esos nombres por los armeros, chapineros o borceguineros que tenían allí sus establecimientos. Las ordenanzas de Toledo conservan además las correspondientes al oficio de los espaderos en el siglo XVI.

Por tanto, cuando hoy bajamos desde Zocodover por la calle de las Armas no estamos leyendo el recuerdo de la posterior fábrica instalada junto al Tajo, sino el de una tradición artesanal urbana bastante más antigua.

Calle Armas, Toledo. Noviembre 2019
Calle Armas, Toledo. Noviembre 2019

La Plata: un barrio entero dedicado al metal precioso

Ángel González Palencia, al estudiar los documentos mozárabes de Toledo, localizó ya en la Edad Media un sector relacionado con los plateros, denominados también orfebres, y cita expresamente una plaza de los Plateros en 1289. Añadía «La calle de la Plata actual está recordando al barrio de los Plateros». Esta actividad continuó durante siglos.

Todavía en el XVIII los documentos estudiados por Jesús Ángel Sánchez Rivera muestran a los plateros viviendo y trabajando en un sector bastante concreto formado por el Solarejo, las Cuatro Calles, la calle de la Plata y otras vías próximas a Santa Justa y San Nicolás. No sólo fabricaban o comercializaban piezas; también intervenían profesionalmente en la tasación de objetos de oro y plata.

La calle mantiene incluso cierta coherencia histórica. Aún hoy encontramos en esa zona negocios vinculados a la joyería, la artesanía y el damasquinado, aunque aquello ya no tenga nada que ver con la organización gremial que explica el topónimo.

Ropería: el mercado de segunda mano no lo hemos inventado nosotros

Muy cerca de la calle de la Plata está la plaza de la Ropería. La investigación sobre la producción textil castellana del siglo XV ha documentado tiendas alrededor de la Ropería y el Alcaná relacionadas con un activo mercado de ropa usada. Existía incluso una fiscalidad específica sobre la ropa vieja y participaban en aquel comercio calceteros, roperos y jubeteros. Las prendas se revendían, se arreglaban y volvían a utilizarse.

No era pobreza pintoresca ni una especie de mercadillo ocasional. Una prenda de vestir suponía una inversión considerable y aprovecharla durante años tenía todo el sentido económico del mundo.

El Archivo Municipal conserva documentos que muestran además que la Ropería era ya una referencia urbana plenamente reconocible en el siglo XVI. En 1562, por ejemplo, el Ayuntamiento compró casas tanto en la plaza como en la calle de la Ropería para realizar ensanches.

Cinco siglos antes de las plataformas de compraventa y de que la ropa de segunda mano volviera a ponerse de moda, Toledo ya tenía un lugar para eso.

Calle Sillería

La explicación cómoda consiste en decir que allí estaban los artesanos que fabricaban sillas, como escuchamos algunas veces a ciertos guías cuando pasamos por esta estrecha vía toledana. El problema es que la documentación ofrece una historia algo más compleja.

Una escritura de 1464 habla de la calle de los Mesones, y en 1522 aparece ya como calle de los Mesones de la Sillería. El investigador Julio Porres relacionó el nombre con la posible venta de sillas de montar en aquellos mesones, algo muy razonable en una zona de entrada y salida de viajeros y caballerías. Pero es una interpretación, no una certeza documental que permita escribir sin más que allí había una fila de talleres fabricando sillas de montar. Sillería sí aparece, en cualquier caso, entre los nombres de origen gremial recogidos por Porres.

Lo que sabemos con seguridad es que la calle estuvo durante siglos muy vinculada a mesones y establecimientos de hospedaje.

Y no, en esta calle no está la “ventana más pequeña del mundo“.

Calle Sillería, Toledo. Corpus Christi junio 2022
Calle Sillería, Toledo. Corpus Christi junio 2022

Tendillas: pequeñas tiendas que terminaron bautizando una plaza

En el Toledo de finales del siglo XV aparecen documentados grupos de pequeñas tiendas que recibían precisamente ese nombre: tendillas. Jean Passini localiza las Tendillas de Sancho Bienhaya, de Santa Ana, de San Nicolás y de Santo Tomé, además de otros conjuntos comerciales repartidos por la ciudad.

La actual plaza de las Tendillas tuvo también una clara función comercial y Porres la considera un mercado importante durante el siglo XVI.

Y quizá sea ésta la mejor manera de entender cómo nació una parte del callejero: nadie se reunió necesariamente para buscar una denominación histórica o especialmente bonita. Si en un lugar había unas tendillas y todo el mundo sabía cuáles eran, acababa siendo las Tendillas.

Azacanes: el agua del Tajo subía a lomos de una caballería

Azacanes es uno de esos nombres que exigen traducción y que pocos que no son de Toledo conocen. Un azacán era un aguador.

Y en una ciudad construida sobre un peñón, con un río (habitualmente) caudaloso varios cientos de metros más abajo de buena parte de las viviendas, aquello era un oficio bastante importante.

Durante siglos, mientras los distintos proyectos de abastecimiento fracasaban, funcionaban de manera irregular o no alcanzaban a toda la población, los aguadores transportaron agua desde el Tajo y otras fuentes hasta casas, conventos, instituciones y aljibes.

La calle de Azacanes conserva la memoria de aquel gremio. Rafael del Cerro Malagón documentó además hasta qué punto estaba regulado el trabajo: los cántaros destinados a los azacanes debían responder a unas medidas concretas y los alfareros tenían obligación de fabricarlos conforme al marco establecido por las ordenanzas municipales.

Hay un dato que permite hacerse una idea de la dimensión del asunto. En 1861 se contabilizaban 230 caballerías de azacanes, que realizaban unos seis viajes diarios y distribuían aproximadamente 33.000 litros de agua cada jornada. El oficio sobrevivió incluso después de los primeros intentos modernos de abastecimiento y llegó hasta bien entrado el siglo XX, habiendo fotografías de estas personas haciendo el reparto.

Algunos de nuestros abuelos pudieron todavía ver trabajar a aquellos hombres, como demuestran las fotos publicadas por Toledo Olvidado.

Las Bulas: una calle vinculada a una de las imprentas más singulares de Toledo

La calle de las Bulas requiere también algún matiz, porque aquí se han repetido versiones demasiado simples. Lo seguro es que el cercano convento dominico de San Pedro Mártir tuvo un papel fundamental en la impresión de bulas de Cruzada desde finales del siglo XV. Era un negocio editorial y fiscal de enorme importancia, sometido a privilegios y controles y destinado a abastecer un mercado que desbordaba ampliamente Toledo.

La relación entre aquella actividad y la actual calle de las Bulas es indudable, pero localizar exactamente dónde se imprimían o expedían todos aquellos documentos es más complicado.

Los investigadores Eugenio Serrano y Miguel Gómez Vozmediano han estudiado la imprenta de San Pedro Mártir y plantean incluso la posibilidad de que determinados inmuebles utilizados para apoyar la producción estuvieran próximos a la actual calle, entonces Bulas Viejas.

Porres recogió una explicación ligeramente distinta y probablemente complementaria: que en algún local de la calle se hubieran expedido durante bastante tiempo las bulas destinadas a las provincias españolas y a Ultramar. La vía aparece ya denominada calle de las Bulas en una referencia de 1566 y posteriormente como Bulas Viejas.

Calle de las Bulas, Toledo
Calle de las Bulas, Toledo

Tripería: la calle desaparecida por la que pasó Lázaro de Tormes

Y llegamos a una de las mejores. Porque la calle de la Tripería existió realmente. No se trata de una recreación literaria ni de una denominación inventada siglos después para atraer turistas.

La documentación del Hospital de Santiago permite localizar propiedades en la Tripería Vieja durante el siglo XV. En 1478 había allí una casa de dos plantas cuya parte inferior servía como tienda; en 1494 estaba ocupada por Gonzalo de Illescas, jubetero.

Porres consideraba probable que recordase un antiguo matadero utilizado por los musulmanes toledanos en este sector de la ciudad, cerca del Colegio de Infantes. Otros estudios han seguido esa interpretación, aunque expresándola como hipótesis y no como certeza. La existencia del nombre, en cambio, no admite dudas.

Y entonces aparece el Lazarillo de Tormes. En el tratado tercero, cuando Lázaro vive en Toledo con aquel escudero obsesionado con aparentar una posición económica que no tiene, sale a buscar comida. Después de mendigar por la ciudad regresa hacia la casa y cuenta:

«al pasar por la tripería pedí a una de aquellas mujeres»

De ellas obtiene un pedazo de uña de vaca y unas tripas cocidas que terminará compartiendo con su hambriento amo. La edición académica del Lazarillo publicada por la RAE incluye precisamente la Tripería entre los lugares identificados en el Toledo de mediados del siglo XVI, junto a la casa del escudero, la plaza, San Salvador, las Cuatro Calles o la Ropería.

La antigua calle se corresponde con la actual Sixto Ramón Parro, donde se ubica la mejor empresa de visitas guiadas de la ciudad: Rutas de Toledo. El cambio de denominación se produjo en torno a 1900 (en el número 9 escribió Sixto Ramón Parro su famosa obra “Toledo en la mano”) y debió de necesitar un tiempo para arraigar. El 24 de marzo de aquel mismo año, el semanario La Idea imprimía todavía en su cabecera la dirección de su administración de una forma muy reveladora: Sixto Ramón Parro (Tripería), 27. Aunque el Ayuntamiento ya había cambiado la placa, los vecinos seguían necesitando el nombre antiguo.

Julio Porres lo señaló expresamente al estudiar estos cambios: mientras muchos nombres oficiales impuestos por las corporaciones municipales encontraban una fuerte resistencia popular, Sixto Ramón Parro terminó sustituyendo con éxito al de Tripería, quizá —opinaba él— porque el antiguo resultaba poco agradable.

Todavía queda una pequeña venganza del viejo callejero. La Bajada de la Tripería continúa existiendo oficialmente junto a Sixto Ramón Parro. El Ayuntamiento sigue utilizando hoy esa denominación y hay establecimientos cuya dirección postal es Bajada de la Tripería.

Bajada de la Tripería, en Toledo. 2016
Bajada de la Tripería, en Toledo. 2016

Obra Prima: otra calle desaparecida bajo el nombre de Martín Gamero

Tripería no fue la única víctima de los cambios del callejero. La actual calle Martín Gamero tuvo durante siglos un nombre mucho más relacionado con la actividad económica que se desarrollaba allí: Obra Prima.

Un estudio sobre el Toledo del Lazarillo sitúa en la Obra Prima al gremio constituido en 1533 por zapateros dedicados a una labor diferente de la de los chapineros: crear zapatos nuevos, de “obra prima” y guarnicioneros. La calle formaba parte del mismo gran entramado comercial que continuaba desde Chapinería y las Cuatro Calles. La denominación completa aparece también como Zapatería de Obra Prima.

Aquí tenemos un caso especialmente interesante porque el cambio oficial tardó mucho en borrar la costumbre. Porres escribió que todavía había escuchado a toledanos ancianos llamar Obra Prima a Martín Gamero (vivió en esta calle) más de medio siglo después de haberse cambiado la denominación.

Personalmente, me encanta el nombre de “Obra Prima” para una calle. Una pena que se perdiera.

Calle de Martín Gamero
Calle de Martín Gamero

Las calles que perdimos en Toledo

Cuando se empieza a tirar del hilo aparecen muchas más. Los estudios históricos mencionan calles, plazas o sectores denominados Borceguinería, Calcetería, Calderería, Espartería Vieja, Herrería, Lencería, Pañeros, Platería, Ropa Vieja, Tenerías, Tintes, Zapatería, Valdecaleros y otros nombres vinculados directamente con las industrias y los gremios de Toledo. Algunos continúan en el callejero, otros cambiaron de lugar, otros fueron sustituidos y unos cuantos sólo sobreviven dentro de los documentos.

El Toledo de los siglos XV y XVI no era sólo la ciudad de la Catedral, los conventos, los palacios y las grandes familias que suelen ocupar las páginas de los libros. Entre esos edificios trabajaba una población enorme que cosía, curtía, torneaba, vendía, fundía, transportaba agua, reparaba zapatos, fabricaba espadas o revendía un jubón que todavía podía aguantar unos cuantos inviernos. Algunos aún siguen en GoogleMaps.

Fuentes principales consultadas:

  • Porres Martín-Cleto, J. (1988). Historia de las calles de Toledo. 3.ª edición revisada y aumentada. Toledo: Editorial Zocodover.
  • Porres Martín-Cleto, J. «Toledo y sus calles. Notas para un callejero toledano». Estudio conservado por la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo.
  • López de Ayala-Álvarez de Toledo, J. Toledo en el siglo XVI después del vencimiento de las Comunidades. Datos sobre industrias, gremios, ordenanzas y distribución de oficios.
  • González Palencia, Á. Los mozárabes de Toledo en los siglos XII y XIII. Datos sobre plateros, Alcaná y topografía comercial medieval.
  • Serrano Rodríguez, E. y Gómez Vozmediano, M. F. «Imprenta, dinero y fe: bulas en S. Pedro Mártir». Tiempos Modernos, 27.
  • Del Cerro Malagón, R. «La calle y el agua en el Toledo del siglo XIX». Datos sobre azacanes y abastecimiento de agua.
  • Melero Fernández, M. I. «El Hospital de Santiago de Toledo a fines del siglo XV». Documentación sobre propiedades en la Tripería Vieja.
  • Anónimo. La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades, tratado tercero.
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Juan Luis Alonso
Juan Luis Alonsohttps://www.leyendasdetoledo.com
Editor y creador de "Leyendas de Toledo" desde 1999. Académico correspondiente de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo. Socio de la empresa Rutas de Toledo y Guía Oficial de Turismo de Castilla-La Mancha.

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