Hacia el siglo IV, y bajo la dominación romana de Toledo, encontramos una leyenda que como tantas otras en la ciudad entremezcla amor, religión, persecución y muerte. Toledo oculta hasta en los parajes más tranquilos de la actualidad una historia violenta.

Hacia el siglo IV de nuestra era, la ciudad de Toledo, al igual que otras muchas regiones de los ya viejos territorios de la Europa continental estaba dominada por Roma. En estás áreas de dominación romana se imponían las leyes, costumbres y religión que el invasor y ganador de numerosas batallas traía consigo, en ocasiones sustituyendo la que en la zona había o bien tomando prestadas algunas de sus costumbres que hábilmente incorporaban al culto de los dioses paganos.

Por aquella época, Daciano era nombrado gobernador de los territorios de la península y una tarde llegó a Toledo, bien escoltado por su guardia romana. Como era costumbre, por la noche hubo una recepción en el Pretorio dado la importancia del personaje que llegaba a la ciudad, y patricios e importantes personalidades se dieron cita para agasajar al representante del emperador en Hispania.

Era la época en que los cristianos eran vistos como una amenaza para el poder romano, por lo que las persecuciones, encarcelamientos y asesinatos de éstos eran comunes. Daciano hizo público un edicto del pretor, ordenando que las iglesias fuesen destruidas, los libros sagrados requisados y quemados, y despojar a los cristianos de sus dignidades y bienes, condenándoles al suplicio. Todos aquellos que no reconocieran a los dioses oficiales de Roma serían devueltos a la esclavitud.

En no demasiado tiempo, la cárcel ciudadana, situada en el hoy denominado Paseo del Tránsito se fue llenando de prisioneros… Sobre ésta se alzaba, amenazante, la Roca Tarpeya, lugar de suplicio. Esta roca avanzaba sobre las oscuras mazmorras de la prisión, sobresaliendo en altura y de arriesgada forma sobre las aguas del Tajo, del que la separaba un amplio y pedregoso precipicio.

Desde antiguo, una leyenda de la ciudad de Roma nos cuenta cómo los romanos se atrincheraron en la fortaleza del capitolio para defenderse del ataque de los Sabinos, pueblo que habitaba entre el Tíber y los Apeninos. Tarpeya, la hija del guardián de la fortaleza, al enamorarse del rey sabino, Tito TAcio, decidió abrirle las puertas de la misma para poderse unir a él. Los sabinos, gente de honor no admitían la traición en ningún caso, por lo que nada más pisar la fortaleza del Capitolio mataron a la traidora Tarpeya aplastándola con el peso de sus escudos. En otras versiones de la misma leyenda, se dice que a Tarpeya la mataron los mismos romanos al verse traicionados arrojándola desde lo más alto de la fortaleza del Capitolio; roca desde la que se despeñaba a los traidores. En el presente, la citada roca todavía es conocida como la Roca Tarpeya, y en Toledo, también tenemos una.

Roca Tarpeya
Placa cerámica de la leyenda de Roca Tarpeya

Cuenta la leyenda toledana que una joven llamada Octavila, hija del carcelero mayor, enamorada de un joven cristiano llamado Cleonio, abrazó la religión cristiana a expensas de su amado. Se cuenta que hacia el 9 de diciembre del año 306 numerosos cristianos esperaban su hora final en las mazmorras de la cárcel toledana, incluyendo a Cleonio que había sido capturado y sentenciado a muerte siendo arrojado desde la Roca Tarpeya. Al amanecer, conducen a Cleonio por el patio de la prisión al encuentro con su fatal destino, cuando Octavila, sabiendo de esto espera allí a su amado. Narra la leyenda que Cleonio entrega en ese momento una pequeña cruz que llevaba escondida en la boca.

El joven cristiano, como tantos otros, fue conducido a lo alto de la roca y empujado al vacío por dos guardias romanos que vieron cómo este moría sin remedio al caer por el precipicio.

A partir de aquí varias versiones de la leyenda dan continuidad a la historia. En algunas nos cuentan que Octavia muere por la pérdida de su amado y su padre, carcelero romano descubre entre sus ropas la cruz entregada por Cleonio por lo que comprendiendo la injusticia cometida y la pérdida de su hija se convierte también al cristianismo y a su vez es ejecutado en Roca Tarpeya…

Roca Tarpeya

 Foto: Casacharly en Flickr.com

En otras versiones, no se hace referencia a la desgracia de Octavia y su padre, sino a la Santa toledana Leocadia, que el mismo día de la muerte de Cleonio fallecería en otra celda de la prisión toledana, que con sus dedos dejó grabada la señal de la cruz en las duras paredes de la roca de la prisión.

Roca Tarpeya

 Foto: kosedu en Flickr.com

En la actualidad, podemos encontrar en esta zona de Toledo un jardín, en el que algunos sitúan la verdadera Casa de El Greco, no muy lejos del Museo Sefardí, y más exactamente, sobre la Roca Tarpeya, el escultor Victorio Macho construye en 1953 su casa y taller desde el que sobre el Tajo, se divisa una bella panorámica de una parte de los cigarrales de Toledo. A su muerte legó esta casa y toda su obra a la ciudad de Toledo, y allí se crea el museo que lleva su nombre, también conocido como Roca Tarpeya, inaugurado en 1967.

– Situar esta leyenda en GoogleMaps.

Foto encabezado: Toledo Olvidado (enlace)

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