Rafael Escobar Contreras, autor toledano, nos remite esta interesante y nueva leyenda toledana inspirada en el período de la Reconquista de la ciudad por Alfonso VI, en primicia para LeyendasdeToledo.com

Corría la segunda mitad del siglo XI, y Alfonso VI hacía varios meses que tenía sitiada la ciudad de Toledo, habitada por aquel entonces por musulmanes.

Había tomado ya el castillo de San Servando y se disponía a asestar el ataque final, mientras que, al otro lado de la muralla el hambre hacia mella en sus habitantes.

El Rey Sarraceno, junto a su invitado el príncipe Abul-Walid, evaluaba la situación y decidieron que no tenían más remedio que burlar el asedio y partir en busca de ayuda. Al-Qasim, emisario del príncipe, partió hacia Granada para solicitar al rey Abd Allah una pequeña avanzadilla, mientras Abul-Walid se dirigía al norte de África para reunir sus tropas.

Aprovechando la caída de la noche, salieron de la ciudadpor el puente de Alcántara, pero los centinelas del castillo les descubrieron y con una de sus flechas alcanzaron al emisario que continuó cabalgando, gravemente herido hasta que las fuerzas le fallaron, más allá de los cerros donde hoy se sitúa la Academia de Infantería, y cayó al suelo agonizando.

Elvira, hija del capitán cristiano al mando del castillo, que cada mañana al despuntar el alba paseaba a lomos de sucaballo por esos parajes, descubrió el cuerpo malherido de Al-Qasim y, rápidamente, rasgándose sus vestiduras, improvisó un vendaje con el que cubrió su herida. Tras esconderlo al amparo de unos matorrales, cabalgó hasta el castillo para regresar de nuevo con agua y una hogaza de pan.

Durante varios días curó y alimentó al joven hasta que se recuperó y pudo continuar su camino, no sin antes prometer a Elvira, de quien se había enamorado, que volvería para no abandonarla jamás. Ni un solo día dejó Elvira de acercarse a aquel lugar esperando el regreso de su amado.

Mientras tanto, la ciudad había sido tomada por Alfonso VI y los moros, que ahora ocupaban las colinas, planeaban su reconquista.

Elvira, aún sabiendo que corría grave peligro, burlando la guardia seguía acudiendo fiel a su cita. Pero un día fue sorprendida por una patrulla mora, ávida de venganza, que la desposeyó de su honor y la asesinó. Uno de los agresores recogió del suelo un pañuelo de seda que llevaba el nombre de su amado bordado en oro.

Clepsidra en el Palacio de Galiana

Foto: clepsidra en el Palacio de Galiana por Felperea en flickr.com

Un mes más tarde, cuando Al-Qasim regresó a Toledo con el ejército de Granada, el oficial sarraceno al mando, entregándole el pañuelo con su nombre, le explicó lo ocurrido y arrepentido por la acción de sus soldados, a los que ya había castigado, quiso compensarle ofreciéndole encabezar, junto a él, la reconquista de la ciudad.

El emisario rechazó la oferta y se dirigió afligido al lugar donde había conocido a su dama. Allí paso tres días y tres noches llorando su pena de amor, hasta que decidió quitarse la vida.

Dicen que sus lágrimas, derramadas en aquel suelo inerte, hicieron brotar un manantial que hasta hoy sigue fluyendo y se conoce como “Fuente del Moro“.

Autor: Rafael Escobar Contreras
Publicada en Leyendasdetoledo.com el 8 de enero de 2008, bajo permiso.
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