Toledo ha sido conocida en toda Europa desde antiguo como ciudad referencia para la enseñanza de las “Artes Mágicas”, incluyendo la Nigromancia, y en nuestra ciudad, al igual que en Salamanca, se afirmaba que existía una cueva que daba cobijo a una escuela en la que se enseñaban estas artes, patrocinada por el propio Diablo.

Y no eran pocos los importantes hombres de muy diversas procedencias los que dedicaban algunos años de su vida (en ocasiones hasta 7 años) a llegar a Toledo para aprender esos saberes prohibidos, con el objetivo de hacerse ricos, conquistar amores, o acabar con enemigos. Así llegaron personajes como Gerberto de Aurillac, que llegó a Papa con el nombre de Silvestre II (el Papa del año 1000) y sobre el que existe una leyenda, según la cual su tumba, en la Iglesia de San Juan de Letrán en Roma destila agua, y ese fluir, junto al ruido de huesos, que algunas veces se dice que se oye en su sepulcro, anuncia la muerte de un Papa.

Pero no sólo los grandes señores se interesaban por esta nada formal “educación”; también llegaban hasta la ciudad buscando las “scientia toledana” religiosos como cierto personaje portugués llamado Fray Egidio Gil, muy atraído desde joven por las fabulosas historias que contaban los viajeros que habían pasado por Toledo.

Cierto día Fray Gil decidió descubrir cuánto había de cierto en lo que se narraba sobre la Escuela de Toledo, y consiguió hacer un oscuro pacto con Satán, consiguiendo la siguiente promesa del Maligno:

“Y si queréis, yo os haré tan buen amistad que iré con Vos hasta poneros en Toledo donde se enseña”.

Fray Gil
Fray Gil

Con el apoyo del Diablo Fray Gil partió hacia Toledo acompañado de malignas sombras, pues el religioso había comprometido su alma eterna para conocer estos secretos de Toledo y una vez finalizada su vida su alma pertenecería a Satanás

Narra la leyenda que según se aproximaban a la ciudad se encontraron con ciertos personajes que con apariencia humana en realidad eran diversas formas de demonios salidos del averno, acompañados de hombres que ya estaban estudiando las maléficas artes. Todos ellos se unían a la comitiva y entrando en la ciudad sin resistencia alguna el grupo se encaminó a la cueva en la que se leían y enseñaban artes mágicas.

Comenzando su nueva formación, Fray Gil fue informado de las leyes y condiciones que se impondrían antes de ser admitido como discípulo:

“Lo primero, que del todo se apartasen de la fe y ley de Dios, y se entregasen al señorío y voluntad del Diablo, porque él era el maestro de aquella ciencia. Y lo segundo que habían de renegar de la fe del bautismo. Y lo tercero que hiciesen una carta de vasallaje al demonio escrita con su propia sangre”

Cierto tiempo estuvo Fray Gil en el interior de la cueva, no demasiado, y cuenta la leyenda que cuando hubo aprendido todo lo que le fue enseñado allí, rompió el pacto que mantenía con el Diablo y se volvió a su convento en Portugal, donde vivió hasta el fin de sus días practicando las virtudes cristianas, arrepintiéndose de lo que había aprendido, y consiguiendo numerosos milagros incluso después de su muerte, que acaeció en 1265. Por este motivo, ha sido considerado Santo, y la cueva que menciona esta leyenda se llamó Cueva de San Gil, estando ubicada en los sótanos del Palacio de Enrique de Villena, cerca de los actuales Jardines del Tránsito, en Toledo.

Fray Gil de Vouzela fue canonizado el 9 de mayo de 1748 por el Papa Benito XIV.

Juan Moraleda y Esteban publicó esta leyenda en la revista “Toledo. Revista Ilustrada de Arte”, en el año 1915.

Anteriormente, se hace mención a Fray Gil en la “Historia General de Santo Domingo y de su Orden de Predicadores”, escrita en 1587 por Fray Hernando del Castillo. Aquí puedes leer el relato completo.

Fuente imagen Fray Gil: Wikipedia.

Imagen entradilla: Tractatus Philo-politicus, Frankfurt 1623.

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