En la calle de las Bulas, en la casa que un día alojó el “Museo de Arte Contemporáneo” de Toledo, podemos observar en su fachada, cerca de la portada, unas recias cadenas colgantes, recuerdo de la historia que aquí ahora se narra.

Cuenta la leyenda que allí vivía un judío converso, el más hábil labrador del hierro. De sus manos procedían nobles rejerías, aldabones de las fuertes portadas toledanas y también algunos de los más famosos aceros toledanos, destinados a los caballeros que contra los moros luchaban al sur de Castilla.
En los sótanos de esta casa trabajaba nuestro protagonista, bajo un hermoso patio y tras amplios muros que bastante ocultaban del intenso calor del verano toledano y apartaban del trabajo las curiosas miradas de los vecinos y transeúntes.  Algunos comentaban que esta casa no era propia de un converso, aunque no sabían que había sido dada por un afamado caballero en pago por unos magníficos trabajos realizados.  Estos pedidos seguían llegando, pues la guerra en Granada seguía su trámite…
Con el tiempo, parece que la producción se especializó en cadenas… Durante meses, el fuego no paró en la casa del converso, y el intenso resonar del martillo golpeando el metal no callaba ninguna noche. Los vecinos observaban estupefactos cómo salían carros cargados de pesadas cadenas, a altas horas de la madrugada, con el ruido ensordecedor en la noche de las ruedas chocando contra el empedrado toledano, el restallar de los látigos sobre las bestias que tiraban de los carros, y los gritos de los hombres destinados a llevar tan pesado cargamento hasta supuestas, por los vecinos, tierras de Granada.
Los Reyes Católicos fueron ganando terreno en el reino de Granada. Lentamente comenzaron a regresar a la ciudad los cristianos liberados por las tropas cristianas. Uno de ellos trajo consigo y mostró en Zocodover las cadenas con las que había estado prisionero en las cárceles nazaríes, y todos reconocieron estupefactos los sellos y el diseño que el judío converso realizaba en Toledo…
No se cuenta el fin del autor de las cadenas, si consiguió escapar o fue ajusticiado. Queda como recuerdo la casa donde eran forjadas, ahora llamada “de las cadenas”, y también quedan como recuerdo las cadenas que hoy cuelgan de los muros del monasterio de San Juan de los Reyes, pertenecientes a los miles de prisioneros cristianos en el derrotado reino de Granada.
Cadenas en San Juan de los Reyes
Cadenas en los muros del monasterio de San Juan de los Reyes. Foto: Crisisis en Flickr.com
Fecha publicación inicial en esta web: 22/06/2009

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