Durante siglos la Inquisición en Toledo influenció sobremanera la vida de los toledanos. El siguiente artículo muestra cómo sólo el miedo ante lo desconocido, lo subterráneo, o el “tormento”, llevaba a la confesión a numerosos reos.

Escudo de la Inquisición en Mocejón (Toledo)
Escudo de la Inquisición en Mocejón (Toledo)

Las mazmorras de la Inquisición.

Los sótanos de Toledo no sólo servían a los alquimistas magos y nigromantes que ejercían allí sus artes ocultas. También servían para castigarles cuando la terrible Inquisición les descubría.

Uno de los cuentos más famosos de Edgar Alan Poe se sitúa precisamente en esos sótanos que tiene la Inquisición de Toledo. Allí se narran los terribles y refinados tormentos a que eran sometidos los reos bajos las lúgubres bóvedas antes de ser conducidos a la plaza de Zocodover para ser allí quemados públicamente en algún auto de fe (eran quemados en la esquina en la que ahora se encuentra un conocido restaurante de comida rápida), o bien al conocido como “Brasero de la Vega”. El relato, espeluznante, se titula “El pozo y el péndulo” y es una maravilla del horror que debería estar en las mesillas de noche de los hoteles de lujo de Toledo a disposición de los turistas sin ganas de dormir. El prisionero en aquellos oscuros sótanos tropieza y cae en tierra por casualidad, descubriendo así por accidente el suplicio que los inquisidores le habían deparado:

«Tenía el mentón apoyado en el piso del calabozo; pero mis labios y la parte superior de mi cara, que aparentemente debían encontrarse a un nivel inferior al de la mandíbula no se apoyaba en nada. Al mismo tiempo me pareció que bañaba mi frente un vapor viscoso y el olor característico de los hongos podridos penetró en mis fosas nasales. Tendí un brazo y estremecí al descubrir que me había desplomado exactamente al borde de un pozo circular cuya profundidad me era imposible descubrir por el momento. Tanteando en la mampostería que bordeaba el pozo, logré desprender un menudo fragmento y lo tiré al abismo. Durante largos segundos escuché cómo repercutía al golpear en su descenso las paredes del pozo; hubo, por fin, un chapoteo en el agua, al cual sucedieron sonoros ecos …

Posada de la Hermandad (Toledo)
Posada de la Hermandad (Toledo)

Aunque no se trata precisamente de los sótanos terribles de la Inquisición que describe Alan Poe, el Viajero puede visitar una cosa parecida en la Cárcel de la Hermandad, junto al mercado y la Catedral. “La Hermandad” fue creada en tiempos de Alfonso VIII para perseguir a los malhechores y forajidos y todos los monarcas la apoyaron y favorecieron… La Santa Hermandad tenía sus propias cárceles, sus corchetes y su propio tribunal. El edificio actual es de la época de los Reyes Católicos, con bella fachada cuya policromía se conserva en parte; el interior ha sufrido algunas transformaciones ya que posteriormente fue posada y casa de vecinos.

Las cárceles están en un semisótano, húmedas, oscuras y abiertas a la intemperie de un tétrico y angosto patio. Hay otras celdas rodeando una pequeña capilla, en otro patio menos lúgubre. Y arriba, un gran salón desmantelado y frío, digno de una película surrealista, llamado el salón de la Inquisición, allí es donde se celebraban los juicios contra los reos. El artesonado y los restos de pintura por las paredes no evitan la sensación de agobio y desolación que produce aquel recinto del que casi nadie salía absuelto…

Desde que la Inquisición fuera establecida por los Reyes Católicos, fueron numerosos los “conversos” que se opusieron en un primer momento, pero fue el 15 de junio de 1485 cuando aparece el primer tribunal en Toledo.

El proceso inquisitorial

Según Blázquez Miguel (en su obra “La Inquisición en Castilla-La Mancha”), el procedimiento inquisitorial era el siguiente:

Una vez detenidos, los reos eran conducidos a las cárceles secretas inquisitoriales, una de las principales causas de su leyenda negra, por toda la carga emocional que conlleva esta palabra “secreta”. En realidad -según este autor-, no eran ni tan malas como se las ha considerado durante siglos, ni tan buenas como se las considera por algunos apologistas.

En Toledo, se sabe que para este fin se compraron en 1488 las casas de Pedro López de Ayala, pero, al parecer, a principios del XVI se ubicaron, de forma provisional en el monasterio de San Juan de la Penitencia, para finalmente establecerse en la calle Cardenal Lorenzana, en el lugar que actualmente ocupa el Centro Universitario. Es curioso que dado el mal estado en el que se encontraban estas celdas, en ocasiones de “mucho trabajo”, algunos presos debían ser colocados en casas de los familiares de la Inquisición, otros en la cárcel Real y en muchas otras ocasiones eran enviados a Cuenca para ser juzgados.

La vida de estos condenados, por tiempo diverso, no se desarrollaba como actualmente conocemos las “prisiones”… Los condenados debían buscarse su subsistencia por sí mismos, bien ejerciendo la mendicidad, ejerciendo sus oficios, o incluso viviendo con su familia. Era normal que la Inquisición, pasado un tiempo, dejara en libertad al condenado “a cárcel perpetua e irremisible”, con lo cual se ahorraba gastos y problemas.

El tormento

De la denominada leyenda negra existente sobre la Inquisición española tiene gran culpa este terrible aspecto. Se cree que con el fin de obtener confesiones, la Inquisición ideó los más refinados métodos de torturas, lo que no es totalmente cierto, al menos en España. El tormento se utilizó en escasas ocasiones y menos que en los tribunales civiles y se reservó casi exclusivamente para los judaizantes, moriscos y luteranos.

Cada tribunal tenía un sistema especial de tormento. En el caso de Toledo, los reos se sentaban para la mancuerda en un estrecho asiento fijo a la pared; se les cinchaba por el pecho contra la pared con una gruesa cuerda de cáñamo sujeta a la pared en unas aldabas de hierro, se les ligaban los pies bajo el mismo asiento en un madero que servía como pie del banquillo y atados los brazos y afianzado el cuerpo con diferentes ligaduras se daban las vueltas de mancuerda y después, si convenía, se continuaba con el potro, donde se les colocaba con la cabeza hacia abajo, amarrada con una ancha argolla de hierro y se les ataba los brazos, muslos y pies, dándose los garrotes necesarios en muslos y espinillas. Este sistema se utilizó hasta 1648, cambiando a alguna otra variante del sistema no menos dolorosa.

En el caso de Toledo, la cámara del tormento estaba debajo de la sala que servía de estudio y dormitorio al inquisidor más antiguo, el cual en más de una ocasión protestó porque le molestaban los gritos…

Autos de Fe

Era la culminación de un proceso inquisitorial, la máxima expresión del poder de la Inqusición y el único en que éste se hacía visible a los ojos del pueblo. En Toledo, como hemos dicho anteriormente, los grandes autos de fe se realizaban en la plaza de Zocodover y en la catedral. Cuando se celebraban en esta se levantaba un cadalso para los inquisidores, junto al coro de los abades y delante del tablado de penitentes; otras veces se levantaba en mitad de los dos coros y se leían las sentencias en el púlpito de la epístola.

En Zocodover se realizaron los más “grandiosos” [[autos de fe]] de Castilla, siendo memorable el que se realizó el 5 de marzo de 1600, con asistencia de los reyes y del inquisidor general.

A partir del XVIII, con menor espectacularidad en los autos, se utilizó para este fin el convento de San Pedro Martir y la iglesia de San Vicente. El “brasero” se encontraba en la Vega y hasta 1565 era “de tapias y tierra de prestado”, a partir de esa fecha y en el mismo lugar que el anterior, justo en el hemiciclo del antiguo circo romano, se reformó y entre 1592/95 se hizo de mampostería, de forma cuadrada, con torrecillas en sus cuatro esquinas y con un remate central en forma de cruz, el cual permaneció hasta 1813, en que fue demolido.

Tipos de procesados

Sambenido - Goya.El principal objetivo de la Inquisicion fue, con diferencia, la dirigida contra los cristianos nuevos, contra los cuales se puede afirmar que se creó el Santo Oficio. Es curioso que tan sólo se realizó un 3% de acusaciones por superstición, siendo estas las más populares en nuestra época por las connotaciones que conllevan.

La inquisición tenía unos claros aspectos que se podrían clasificar como objetos de proceso:

  • Moriscos.
  • CriptoJudíos
  • Inhábiles.
  • Delitos sexuales y morales
    • Bígamos
    • Fornicadores
    • Solicitantes
    • Sodomitas, bestialismo.
  • Misticismo heterodoxo
    • Alumbrados.
    • Molinosistas.
    • Ilusos.
  • Delitos de la palabra.
    • Blasfemias.
    • Palabras.
    • Proposiciones.
  • Protestantismo.
  • Hechicería y superstición.

Delitos varios: Oposición al Santo Oficio, lectura de libros prohibidos, censura artística, masonería, irreverencias, sacerdotes casados, psicópatas…

El Observamos la gran cantidad de motivos por los que la Inquisición podría acusar a una persona… Era muy frecuente la delación entre vecinos, en ocasiones motivadas por envidias y rencillas, que frecuentemente llevaban a terribles consecuencias para con el denunciado. Entre estos procesos, se encuentran no pocas curiosidades que merecerían libros enteros, y que probablemente mencionaremos en otros artículos.

Toledo es la provincia que más procesos inquisitoriales acumula. Más del 75% de las víctimas fueron “judaizantes”, siguiéndoles los blasfemos, con un escaso 6%. Los moriscos, tan sólo supusieron un 3%.

En el período histórico de existencia de la Inquisición fueron miles las personas acusadas por algún tribunal, muchos de ellos terminando sus días en prisión, condenados a galeras, con un “sambenito” de por vida o bien ejecutados en la hoguera.

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