No se trata de una leyenda, pero nos muestra cómo la tradición popular asigna nombres “curiosos” a lugares típicos de Toledo.

Hombre de PaloMás que una leyenda, podríamos encuadrar este capítulo dentro de las múltiples curiosidades que pueblan la ciudad de Toledo. Los datos y hechos históricos, fehacientes, se muestran una vez más entrelazados con las dotes costumbristas con las que la gente impregna la realidad:

Esta calle es la primera que se encuentra yendo desde la plaza del Ayuntamiento hacia Zocodover por el arco de Palacio; precede a la del Comercio, con la que empalma en la plaza de las Cuatro Calles, y bordea el claustro catedralicio por su costado septentrional. A la mayoría de los viajeros y turistas que indefectiblemente circulan por ella le sorprenderá tan pintoresca denominación, pese a estar en Toledo, donde todo es sorprendente. Vamos, pues, a bucear en el origen de la misma.

Según nos cuenta Julio Porres en su documentadísima obra Historia de las calles de Toledo, en esta zona se situaba en la Edad Media el alcaná, o judería menor, con su multitud de pequeños comercios, hasta que fue asolada en el pogromo de 1391; ocasión que aprovechó el cabildo para expropiarlo y construir el citado claustro, iniciado por el arzobispo don Pedro Tenorio en 1389, que dio lugar al actual trazado de esta vía. Todavía la vecina calle de la Sinagoga recuerda esta circunstancia. Desde entonces y hasta el siglo XVI, se conoce sucesivamente con los nombres de Cal de Francos, Asaderías y Lonja.

Calle Hombre de Palo en Toledo, en una noche de invierno
Calle Hombre de Palo en Toledo, en una noche de invierno

No es hasta el siglo siguiente cuando se empieza a hablar y escribir del Hombre de Palo -sin ir precedido de calle, por suponerse enclave de todos conocido- y entonces empiezan las elucubraciones.

Para el cronista Horozco, se trataba de un autómata de madera colocado en este lugar para celebrar la fugaz vuelta de Inglaterra al catolicismo:

“Hombre de palo armado con vn escudo en el lado izquierdo y en el braÇo derecho vna talega, hincado en vn madero, y andábase alrrededor y en tocando en el escvdo volbía y dava con la talega de arena a quien pasaba y le dava”

como en tantas fiestas populares que aún se conservan. Por asociación de ideas, se adjudicó al célebre Juanelo Turriano (diseñador y creador del célebre “artificio” que facilitaba la subida de agua desde el Tajo al alcázar) la autoría de lo que hoy llamaríamos un robot (autómata), con la misión de recorrer diariamente las calles recabando limosnas en vistas de que, como no le pagaban lo suyo, andaba en la más negra miseria. Cuando los maravedíes llegaban al fondo de la hucha, el muñeco hacía más reverencias que un japonés, señal de que, al menos, Toledo tenía mala conciencia de su ignominioso comportamiento con el genio de Cremona, comparado por algunos con el mismo Leonardo da Vinci. Narra también la tradición, que la Inquisición, siempre en sus cosas, creyó ver en este autómata obra del maligno, por lo que no dudó en quemar directamente al “Hombre de Palo” que tan famoso se había hecho entre las personas que transitaban tan céntrica calle de la ciudad.

Calle Hombre de Palo
Calle Hombre de Palo en Toledo

Foto Galio en flickr


Otros cronistas, más conservadores y menos imaginativos, como Moraleda y Ramírez de Arellano, aclaran que se trataba en realidad de un muñeco de madera, estático por supuesto, colocado en un lugar de los más frecuentados de la ciudad, como era y sigue siendo éste, y provisto de una hucha o alcancía destinada a recoger las limosnas del personal para la construcción del cercano hospital, posteriormente conocido como del Nuncio Viejo. Tan benemérito nuncio se llamaba Ortiz y puede que no fuese ajeno a este invento. Debía de ser algo muy parecido a tantos muñecos actuales de cartón piedra, plástico o lo que sea, colocados en las puertas de grandes almacenes, laboratorios fotográficos, parroquias y otra suerte de establecimientos, provistos también de la correspondiente hucha o buzón donde recoger óbolos con fines caritativos, carretes fotográficos o cartas a los Reyes Magos. La gracia del que nos ocupa reside en su precocidad. No es de descartar que tal muñeco de palo siguiese desempeñando su función mendicante hasta que el citado hospital fue trasladado por el cardenal Lorenzana, a finales del siglo XVIII, a un nuevo emplazamiento.

Camión atascado en la calle Hombre de Palo, en Toledo
Camión atascado en la calle Hombre de Palo, en Toledo

Camión atascado en la calle Hombre de Palo. Foto: Eduardo en flickr.com

Es por tanto, una vez más, la confusión la que dota de nombre a una de las calles más transitadas por turistas y toledanos, la calle “Hombre de Palo”.

Federico Martín Bahamontes empujando un carro de fruta el día 2 de septiembre de 1949 en la calle Hombre de Palo de Toledo. Acme Photo
Federico Martín Bahamontes empujando un carro de fruta el día 2 de septiembre de 1949 en la calle Hombre de Palo de Toledo. Acme Photo

En la foto, el “Águila de Toledo”, Bahamontes, antes de ganar el Tour de Francia captado en una insólita foto en la Calle Hombre de Palo, en 1949. Fuente: Toledo Olvidado.

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Hombre de Palo, recreación en Rutas de Toledo
Hombre de Palo, recreación en Rutas de Toledo

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