"Esta calle es de Toledo"

Llama mucho la atención a propios y extraños, es decir, a los mismos toledanos y a los turistas que nos visitan, cuando van caminando por las calles de nuestra ciudad y de repente se dan cuenta que en algunas de ellas hay una pequeña placa donde reza: “Esta calle es de Toledo”. En seguida se preguntan: ¿Pero si estamos en Toledo, de dónde ha de ser pues? Y cuando se les explica, bueno, pues digamos que lo medio entienden.

Hubo una época que Toledo era una ciudad tenebrosa llena de cobertizos, pasadizos, callejones casi inviables, adarves y un sin fin de recovecos que hacían de ella una ciudad insalubre a la vez que peligrosa. No quiero imaginarme lo que sería caminar por esas calles en noches oscuras, sin iluminar y sin ninguna seguridad, incluso de día.

Cuenta Cervantes en El Quijote que Toledo era una ciudad muy bulliciosa y efectivamente es imposible llegar a entender que en otras épocas Toledo haya contado con la misma población que tiene en nuestros días. ¿Dónde podría vivir tanta gente? teniendo en cuenta que gran parte del terreno habitable estaba ocupado por conventos, iglesias, palacios, hospitalitos, etc. La misma Santa Teresa no obtuvo en primeras instancias permiso para fundar en nuestra ciudad pues era imposible albergar aquí mas conventos. Es fácil imaginar que la gente viviría en la calle de día y de noche hacinados en cuevas, subterráneos, pasadizos y de mil formas que hoy en día serían impensables. Ustedes intenten ubicar dentro de las murallas a todo el Polígono Industrial, Buenavista, Santa Bárbara, Palomarejos, Valparaíso, etc. No llegan a entenderlo, ¿verdad?

Pero en 1561 Felipe II traslada la capital del Imperio a Madrid y aunque en principio no lo hicieron, más tarde los nobles fueron abandonando sus casas-palacio de Toledo y siguieron los pasos del monarca. Al quedar abandonados dichos palacios, las órdenes religiosas que mayoritariamente se encontraban en extramuros aprovecharon y fueron adquiriendo dichos palacios a bajo coste o cuando no, les fueron cedidos como prebendas o regalos y así Toledo fue convirtiéndose en una ciudad conventual. Aquí venían y vivían muchos monjes y monjas y los conventos debían ampliarse comprando las casas adyacentes. A veces estas casas estaban separadas solo por un pequeño adarve o callejón y entonces lo que hacían dichas comunidades era llamárselo suyo incorporándolo a su espacio. También algunos vecinos y aún hoy se ha seguido haciendo practicaron y practican lo propio y cerraron bien con una cancela, bien con una puerta y un pequeño muro algunos de estos espacios públicos.

Eran épocas en las que el poder municipal era más bien escaso y preponderaba el poder eclesiástico que incluso ejercía de notario, con lo cual nada les impedía apropiarse de dichos callejones, pero aún así, en algunos casos el ayuntamiento de turno decidió poner las placas a las que aludí al principio para que ni la Iglesia ni los particulares pudieran cerrar más vías públicas.

Esta calle es de #Toledo 1644. #rutasdetoledo

Los “callejones robados” más famosos de Toledo son los que hay en la Plaza Abdón de Paz (vulgo de La Cabeza) y que daban al Locum. Estos callejones encontrándose en la Judería Menor, la mayor parte de las veces servían a esta comunidad para repeler y esconderse de los ataques. También son notables los de la calle de la Plata, el que bordea la iglesia de San Vicente o Círculo del Arte y el de San Pedro Mártir (Universidad). Recientemente se ha hecho lo propio con los callejones de Los Siete ‘Abujeros’ y del Infierno, cerrados ambos con sendas cancelas.

Aunque nada tiene que ver con este asunto un tema muy parecido es el de las “calles reales“. Al ser Toledo la ciudad de las tres culturas y estar sus barrios perfectamente delimitados, había veces que algunas calles de estos barrios debían servir para todos los habitantes de la ciudad. Así tenemos además de la calle Real, la de Santo Tomé, la del Ángel o la del Real del Arrabal, es decir, por estas calles podía transitar cualquier habitante de Toledo independientemente de cual fuera su cultura o religión sin tener que pagar tributo alguno. También podríamos decir que eran calles que unían barrios.

Espero haber aclarado un poco estos términos a veces confusos que hoy no tienen cabida en nuestra sociedad pero que otrora en Toledo fueron causa de no pocos problemas.

Texto: CARLOS DUEÑAS REY

Esta Calle es de Toledo

Callejón junto a la Iglesia de San Vicente (Círculo del Arte)

Foto de encabezado: Eloy Moreno en Flickr.com

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