Una curiosidad, más que leyenda, que nos muestra cómo la ignorancia en ocasiones (demasiadas) destruye el patrimonio pero a veces también sirve para que perdure: la mala traducción de la inscripción en árabe de un brocal del 1032 nos permite conservar el que probablemente fuera uno de los elementos de la Mezquita principal de Toledo. Os contamos su historia.

Es curioso cómo cuando investigas un poco sobre la enorme historia de Toledo, encuentras pequeños “hilos” que tirando te llevan a otras curiosidades que no buscabas en un principio. Gracias a los artículos sobre el “Toledo desaparecido” que seguimos redactando, hemos encontrado la referencia a un valioso brocal que se encontraba en el Convento de San Pablo del Granadal, pero como otras muchas piezas o elementos arquitectónicos había sido “recuperado” de su ubicación original: la Mezquita Aljama de Toledo, que estaba ubicada en el lugar que ahora ocupa la gran Catedral toledana.

¿Y qué tiene de legendario este brocal de pozo?

Nos cuenta el blog “Toledo Olvidado” en la entrada dedicada al Convento de San Pablo del Granadal que allí estuvo ubicado durante siglos un precioso brocal de pozo o aljibe realizado en mármol con una inscripción cúfica procedente de la gran mezquita de Tulaytulah, que durante muchos años sirvió para obtener agua probablemente para las abluciones rituales que realizan los musulmanes en el patio de la Mezquita.

Sobre éste importante edificio religioso islámico, de gran planta por los análisis realizados por arqueólogos, fue edificada la actual Catedral.

No se sabe muy bien cómo llegó el brocal hasta el Convento ubicado en la zona del Granadal, pero sí que hay referencias a que de ese pozo se extraía “en tiempo de moros”, un agua con maravillosas virtudes, sanando a aquél que bebía:

Cita del texto de Fray Román de la Higuera en el que cita el brocal de la mezquita aljama en el Semanario Pintoresco Español del 14 de mayo de 1848
Cita del texto de Fray Román de la Higuera en el que cita el brocal de la mezquita aljama en el Semanario Pintoresco Español del 14 de mayo de 1848. Fuente: Toledo Olvidado.

El borrado de todas las inscripciones islámicas de Toledo

En el siglo XVI, el corregidor Juan Gutiérrez Tello, siguiendo órdenes de Felipe II y buscando acabar con las peculiaridades culturales de los moriscos en España, quitó las inscripciones árabes que se conservaban en Toledo.

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Tres años después de su nombramiento, en 1575, el corregidor cumplió el encargo del rey y destruyó o borró más de cien ejemplares. En dos inscripciones de la época que se conservan en el Museo de Santa Cruz se guarda el recuerdo (1):

Los Moros (…) pvsieron letreros aravigos de blasfemias y herores (.) El Rey don Phelippe II con zelo de religión y de conservar las memorias de los reyes pasados mandó a IO. Gvtierrez Tello corregidor de la cibdad los qvitase.

Según Francisco del Río, en un artículo publicado en la revista Tulaytula (2), el corregidor siguió las indicaciones de don Sancho Busto de Villegas que, en ausencia del arzobispo Carranza, gobernaba la archidiócesis. Don Sancho se encargó de examinar los textos, decidiendo cuáles de ellos fomentaban la superstición.

Los encargados de examinar estos textos, desconocían casi en su totalidad la lengua árabe, lo que llevó a una destrucción sistemática del patrimonio escrito en edificios de Toledo. Así, se eliminaron importantes inscripciones en lugares como la iglesia de San Román, la Puerta del Cambrón, en la iglesia de San Andrés, Puente de Alcántara… Y así hasta 105 piezas según el Padre Román de la Higuera (3).

Pocas se salvaron (ver nota 1), y una de estas inscripciones es la que aún perdura en el brocal del pozo que nos ocupa. ¿Por qué?

Simplemente por un error de interpretación de las dos líneas de cúfico florido del viejo brocal: creyeron que el texto había sido ordenado escribir en tiempos del rey Alfonso VI y en éste se reflejaban las bondades del agua milagrosa.

Volvemos al convento de San Pablo. Como hemos contado en el artículo dedicado al Toledo Desaparecido (parte 2), el convento ubicado en el Granadal quedó en ruina en 1407, cuando los Dominicos decidieron marcharse al convento de San Pedro Mártir buscando un lugar más salubre, pues la cercanía al río provocaría paludismo, inundaciones…

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Al enorme edificio de San Pedro Mártir (una de las actuales sedes de la UCLM) los Dominicos llevaron todo lo que pudieron del viejo convento de San Pablo, incluyendo el brocal, como se observa en esta foto:

Claustro de San Pedro Mártir (Toledo) en el siglo XIX. Fotografía de Jean Laurent. The Library of Congress of the United States of America
Claustro de San Pedro Mártir (Toledo) en el siglo XIX. Fotografía de Jean Laurent. The Library of Congress of the United States of America. Fuente: Toledo Olvidado.

Allí estuvo hasta 1872, pasando desde entonces a los fondos del Museo Provincial, para acabar ubicado en el actual Museo de Santa Cruz, con número de inventario 292 y visible en el patio.

Lo que realmente figura en el brocal es éste texto (Según C. Barceló):

En nombre de Dios, Clemente, Misericordioso. Ha ordenado al-Zahir, Du-l-ri´asatayn, Abu Muhammad Ismaíl, hijo de `Abd al-Rahman Ibn Di-l-Nun -prolongue / Dios su existencia!- construir este aljibe en la mezquita aljama de Toledo -¡vele Dios por ella!-. Se acabó [la obra], con la ayuda de Dios, en la primera Yumada del año 423 [=15 abril a 14 de mayo de 1032]

Ni rastro de un supuesto texto con las propiedades del agua milagrosa.

Notas:

(1) Parece que se salvaron dos brocales de pozo y las lápidas de la capilla de Santa Catalina y de Santa Justa y Santa Rufina, ésta última de
reciente aparición. La altura en que se hallaba situada tal vez fue lo que salvó la inscripción de la que se dio en llamar mezquita del Cristo de la Luz, y el azar hizo que surgiera de entre cascotes en 1968 el fragmento de la lápida del primer rey de la taifa toledana. (Gómez Ayllón, E.)

Bibliografía:

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