Hoy volvemos a tiempos de los Visigodos, en concreto durante el reinado de Amalarico, que dejaron en nuestra ciudad numerosas leyendas, entre ellas la redactada por Federico Mendizábal en su “Romancero de Leyenda” y que ahora compartimos.

En el Reino Visigodo del año 531 se seguían las enseñanzas arrianas, consideradas como una herejía desde hacía casi doscientos años por el mundo católico, hasta que el rey Recaredo, en el 587 se bautizó e impuso el catolicismo como religión oficial.

Del 511 al 531 reina en los visigodos Amalarico, casado con Clotilde, hija del rey Clodoveo I, por intereses políticos, hermana de reyes francos y católica, que de forma intensa buscaba la conversión de su rey y esposo al catolicismo, queriendo así salvar su alma.

En de la boda real, Clotilde fue obligada a bautizarse como arriana, aunque ella siguió manteniendo su verdadera fe en secreto, a espaldas de su marido el rey. De forma frecuente ambos discutían por motivos religiosos. Clotilde insistía en que el reino toledano debía abandonar el arrianismo.

La leyenda “El Pañuelo Ensangrentado”

Una mañana se encontraba escondida rezando en sus aposentos del alcázar toledano la reina, sujetando entre sus manos un crucifijo, cuando de repente, la puerta de su habitación se abrió de golpe apareciendo el monarca terriblemente enfadado:

– ¡Muéstrame qué es eso que llevas entre tus manos! ¡No olvides que soy el rey! ¡Ya no soporto más que sigas ofendiendo así mis creencias!

Amalarico no quería respetar y reconocer a los que profesaban unas creencias diferentes a las impuestas por su reinado y por su autoridad y no quería identificar estas creencias en su propia esposa:

– ¡Y yo la reina!, contestó ella con arrojo. ¡Y no olvides que si de mi rey no encuentro trato y respeto de esposa, tened presente que mis hermanos, los cuatro reyes francos os lo impondrán!

Acercándose a ella, descubre el crucifijo en sus manos e intenta forzarla para que lo arroje por una ventana, al tiempo que forcejean:

¡Entrégame ese crucifijo!

¡Jamás haré tal cosa! gritó la reina.

El monarca, terriblemente enfadado y sin pararse a pensar, propinó una enorme bofetada a Clotilde. Tan duro fue el golpe que la sangre comenzó a brotar a raudales por el rostro de la desdichada.

Amalarico y Clotilde
Amalarico y Clotilde, grabado (Fuente)

Amalarico se dispuso a abandonar la estancia cuando observó que en la puerta, y alertado por los ruidos, un joven caballero franco era testigo de todos los hechos. Pasando veloz a su lado abandona la estancia de la reina.

Acercándose el caballero a Clotilde, ofrece un pañuelo blanco para limpie la sangre que aún seguía brotando de una herida causada en la mejilla.

El caballero había acompañado a la reina desde tierras de los francos y sentía por ella un secreto amor, totalmente imposible por el matrimonio de la joven con el rey toledano.

No era la primera vez que Amalarico mostraba un comportamiento violento hacia su reina, por lo que el caballero franco, llamado Watario, pide amablemente el pañuelo a su señora con el que se había limpiado:

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-Ruego que disculpéis mi irreverencia, pero este pañuelo me será necesario para mostrarlo a vuestros hermanos, los reyes francos. Hoy mismo partiré a cumplir la misión que se me encomendó: velar por vuestro honor, y cumpliré así mi misión. Parto de inmediato a buscar a los vuestros.

La pobre reina ya no aguantaba más los desplantes, maltratos y las negativas a abrazar la religión católica de su esposo, por lo que no se opuso a requerir la ayuda de sus hermanos francos, de la dinastía de los merovingios.

Así, Watario viajó a varios lugares de la vieja Galia, donde mostró el pañuelo ensangrentado de Clotilde a sus hermanos: Childeberto en Lutecia, y a los reyes de Angulema, de Soissons y de Poitiers y Nantes, que reunieron en pocos meses un ejército de 30.000 hombres que iba camino de cruzar los Pirineos.

Mientras el ejército se organizaba, Watario volvió a Toledo con una carta de desafío para Amalarico, mostrando en primer lugar la misma e informando de los movimientos de los reyes francos a Teudis, un poderoso noble visigodo con aspiraciones al trono, con el que los reyes francos habían decidido pactar para dar continuidad al reino.

Amalarico, informado de las intenciones de las tropas francesas, salió de Toledo con su ejército para presentar batalla. Llega en poco tiempo a Narbona, donde es derrotado, pero consigue huir de vuelta a su reino, ocultándose para evitar ser capturado.

Pide entonces ayuda a Teudis, haciendo éste creer a su rey que le apoyaría, pero en cuanto tuvo una oportunidad informó a los ejércitos francos del escondite de Amalarico.

Hasta allí llegan los cuatro reyes, que fácilmente derrotan a la escasa guardia y capturan al hasta entonces rey de los Visigodos, que cobardemente se había ocultado en uno de los torreones, detrás de un arcón.

-Ahora pagaremos con la misma afrenta lo que hiciste a nuestra hermana. Pero, para no manchar nuestras manos con tu sangre de hereje, te abofetearemos cada uno cubriendo nuestras manos con un guante de acero.

Y así fueron pasando, por turnos, golpeando sin piedad el rostro de Amalarico, bañándolo en su propia sangre. La última bofetada fue tan poderosa que hizo caer al rey al suelo, muerto, con la cabeza destrozada por los golpes recibidos.

Mientras, camino de la Galia por las ya viejas calzadas romanas, Clotilde, libre de su esposo, volvía a su tierra acompañada de Watario, quien guardó para siempre el pañuelo ensangrentado.

Teudis finalmente reclama el reino visigodo, reinando hasta el 548, año en el que es asesinado por un godo que se hace pasar por loco… Pero eso es otra historia.

  • Texto original: Federico Mendizábal en su “Romancero de Leyenda”, en forma de romance (adaptación)
Retrato imaginario de Amalarico († 532), rey de los Visigodos e hijo del rey Alarico II y de la reina Teodegonda. Autor: Leopoldo Sánchez Díaz. Colección del Museo del Prado. (Fuente)
Retrato imaginario de Amalarico († 531), rey de los Visigodos e hijo del rey Alarico II y de la reina Teodegonda. Autor: Leopoldo Sánchez Díaz. Colección del Museo del Prado. (Fuente)

Contexto histórico:

Amalarico

Hasta mediados del siglo VI (alrededor del 567) Atanagildo no fija su capital o residencia regia en Toledo, ciudad que se mantendrá como sede central del reino visigodo hasta la invasión musulmana del 711, por lo que no es sencillo que el episodio que narra esta leyenda sucediera realmente en Toledo, pues Amalarico tendría su sede esencialmente en otras ciudades, como por ejemplo la actual Barcelona, aunque es probable que pasara ciertas temporadas en otras importantes ciudades de su reino.

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Sí es cierto que en el 531, y motivado por los malos tratos infligidos por Amalarico a su esposa católica, la princesa franca Clotilde, su hermano el rey franco Childeberto I invade la Septimania, donde es castigado por la defensa visigoda. Teudis traiciona a Amalarico, no enviando sus tropas como principal noble del reino y al producirse un enfrentamiento en Narbona los francos derrotan a las tropas visigodas. Cuenta la tradición que Amalarico entonces huye a Barcelona, donde es apuñalado y muerto probablemente a manos de sus hombres o de un franco llamado Besón. En la historia no hay ningún rastro de la “ejecución” del rey visigodo a base de guantazos metálicos a manos de los cuatro reyes francos.

Estatua de Childeberto I que se conserva en el Louvre.
Estatua de Childeberto I que se conserva en el Louvre. Fuente.

Tras su muerte, los nobles visigodos eligen como rey al más poderoso de ellos: Teudis. La capital se traslada de Barcelona a Mérida.

También es conocido que Amalarico casó con la princesa Clotilde, hija de Clodoveo I y hermana de Childeberto I, a la que intentó convertir al cristianismo arriano recurriendo a la violencia—«ordenó arrojar estiércol sobre ella cuando iba hacia la iglesia; y al final, se dice, Clotilde envió a su hermano un pañuelo manchado con su sangre para demostrar lo miserable de su vida», afirma E. A. Thompson— y a la difamación, pero aquella se mantuvo fiel a su fe cristiana católica. (Fuente)

¿Y qué fue de Clotilde tras escapar de su marido? En ese mismo año, 531, de regreso con el ejército franco, Clotilde falleció en el camino, siendo llevada a enterrar a París.

Algunos historiadores, en base a ciertas legislaciones emitidas en el reinado de Teudis, afirman que durante un tiempo la capital visigoda estuvo en Toledo, sin embargo parece que fue una residencia real ocasional hasta Atanagildo.

Clotilde

Hija de Santa Clotilde y de Clodoveo; casó en 517 con Amalarico, rey visigodo de España: éste príncipe arriano intentó primeramente con sus halagos y caricias persuadirla a que abjurase de la religión de Jesucristo; pero no pudiendo conseguirlo, la hizo sufrir los mayores ultrajes y violencias: llegó la crueldad de Amalarico hasta el punto de maltratarla como a un esclavo y cierto día la dio tantos golpes que quedó tendida en el suelo medio muerta y bañada en sangre. Entonces no pudo sufrir más y se quejó a sus hermanos del maltrato que recibía enviándoles un paño empapado en su sangre. Childeberto, montado en cólera, se puso al frente de 30.000 guerreros y vino a España a liberar a Clotilde. Amalarico quiso oponerse, pero perdió la vida en combate. Al regresar a Francia la desgraciada reina Clotilde cayó mortalmente enferma y murió a los pocos días, año 531. (Fuente: Diccionario universal de historia y de geografía. Lucas Alamán, Librería de Andrade, 1853, pp. 348.)

¿Dónde se puede contar esta leyenda de Toledo?

Un buen lugar para narrar esta leyenda podría ser en las proximidades del Alcázar, donde puedo existir una fortaleza romana y posteriormente reutilizada por los Visigodos.

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