No son pocos los que afirman que “algo” han visto o sentido en el Castillo de San Servando. Esta “leyenda” ya viene de tiempo atrás, como podemos observar en el texto narrado en 1923 en la revista “Toledo”. La fortaleza, a la que se accede atravesando el puente de Alcántara ofrece unas maravillosas vistas del Alcázar y de la ciudad… ¿Pero estás seguro de querer ir hasta allí cuando se oculta el Sol? Lee antes esta leyenda…

Varios doblones incrementaban el peso de la escarcela del soldado Don Lorenzo de Cañada, tipo alto, moreno, de abundante melena ocultada en parte por un chambergo oscuro, ancho de alas y tocado con un cintillo de esmeralda y una gran pluma amaranto.  Entre delgado y recio, de ojos vivos y penetrantes,  paseó sus fanfarronerías por tierras de Italia y Flandes, encontrándose ahora en la toledana Zocodover mirando cómo ganapanes y cicateruelos hacían de las suyas intentando escurrir el bulto ante la autoridad que intentaba vigilar cuanto pasaba entre el numeroso gentío que pasaba por tan conocida plaza.

Llegada la hora de toque de queda, los grandes portones de murallas y puentes echaron sus cerrojos, no sin cuidado de dejar a algún vecino afuera, pues tan recias defensas no se levantaban hasta la próxima mañana.

Habitación T4 en el Castillo de San Servando de Toledo
Habitación T4 en el Castillo de San Servando de Toledo

Habitación T4 del Castillo de San Servando. Foto: toledosecreto.es 

Ya avanzada la noche, los vigías del puente de Alcántara informaron de movimientos de antorchas en las almenas del Castillo de San Servando, escuchándose voces en el silencio de la noche. Pocos minutos después, los del castillo avisaron a la guardia del puente pidiendo auxilio y el capitán de estos que era Don Lorenzo de Cañada, mandó al sargento de guardia con diez de los que tenían fama de valientes para enterarse de lo allí acaecido.

A la vuelta del retén, y recibiendo informe de su sargento, partió de inmediato hacia la puerta de Doce Cantos, dándose a conocer a la guardia y accediendo al Alcázar, morada del Alcaide Don Ferrán Cid, que recibió al capitán a pesar de lo avanzado de la hora:

  • ¿Decís que el muerto es?
  • El Alférez Valdivia.
  • ¿Y cómo se explica el suceso?
  • No se sabe…  Todo es tan raro.
  • ¿Habéis comprobado las cuevas del Castillo?
  • Todo ha sido minuciosamente registrado por  los soldados.
  • ¿Qué heridas presenta el fallecido?
  • Una sola, y en el corazón.

Tras este breve interrogatorio, quedaron en decidir al día siguiente para investigar con más detenimiento el suceso.

El suceso de aquella noche en el castillo corrió de boca en boca por la ciudad. El Alcaide, tras interrogar a guardias del castillo y no obtener solución alguna a la muerte del Alférez, decidió doblar el número de guardianes. Nombró al joven Don Diego de Ayala como jefe de la guardia del Castillo, con gran renombre por su valentía.

Esa misma tarde el joven tomó el mando del castillo, doblando guardias. Transcurrieron las primeras horas de la noche sin ningún hecho que destacar, pero a eso de las doce, hora de aquelarres y pactos demoníacos, tuvo necesidad Don Diego de bajar al patio, haciéndolo por la escalera del torreón del este, pero cuando estaba a mitad de camino, la vela que portaba en la mano repentinamente se apagó, y sintiendo una fría mano que agarraba con fuerza su cuello, sintió como una dura hoja atravesaba su pecho, y exhalando un grito de dolor se desplomó inerte sobre las escaleras.

Una vez descubierto el cadáver, los soldados buscaron de nuevo por todo el castillo, cuevas, paraje cercano… De forma infructuosa. El terror iba en aumento entre todo hombre que habitaba el castillo.

Castillo de San Servando en el siglo XIX. Foto: Casiano Alguacil
Castillo de San Servando en el siglo XIX. Foto: Casiano Alguacil

Foto del Castillo de San Servando en el Siglo XIX, por Casiano Alguacil, por Eduardoasb en Flickr.com

Los días siguientes, reunidos de nuevo los capitanes en el Alcázar, decidieron abandonar la defensa del castillo y repartir la guardia por las murallas de la ciudad.

Durante días, el castillo de San Servando, oscuro, abandonado, era observado por cientos de ojos temerosos iluminados por antorchas desde las murallas que daban al Tajo.

Pasaron varias semanas y cuando se olvidaban las muertes acaecidas, un nuevo rumor vino a turbar la tranquilidad de la ciudad. Algunos guardias de la muralla afirmaban que una sombra aparecía en el torreón norte, todas las noches, asemejándose a un descomunal guerrero, cuya armadura lanzaba resplandores azules y verdosos.

Nadie se atrevía a pasar cerca del castillo, incluso por el día pocas gentes querían acercarse a las murallas que ocultaban tan terrible misterio.  Todos ya conocían que un fantasma habitaba en el castillo de San Servando.

Pasó el tiempo y no eran pocos los que echaban en falta al capitán Don Lorenzo de Cañada. Ya no se le veía por Zocodover, y muchos pensaban que había huido de la ciudad por miedo a tener que cumplir el deber de entrar al castillo y enfrentarse al ser que habitaba en su interior.

Castillo de San Servando en Toledo
Castillo de San Servando en Toledo

¿Dónde estuvo esa semana que faltó a su acostumbrado paseo?

Nadie lo supo, más es cierto que una noche en la que el viento soplaba con intensidad y la lluvia caía sobre las piedras de la muralla, Don Lorenzo mandó abrir la puerta de Alcántara, y tomando una antorcha y su espada partió decido a enfrentarse al fantasma, buscando acabar de una vez por todas con el misterio que tenía a sus tropas amedrentadas.

Llegó a la puerta del oeste, que mira a la ciudad, encontrándola cerrada. Esperó largo rato en la puerta, dando al final dos golpes en la madera rudos y secos que resonaron en el interior del castillo con ecos misteriosos y funerales. En el mismo instante de finalizar el eco del segundo toque, la puerta se abrió sin que mano alguna ayudara a su movimiento.

Con su acero toledano desnudo y precediendo a su figura penetró en el castillo, llegando al patio, no sin antes hacer la señal de la Cruz, como correspondía a un Capitán de su majestad Don Felipe II el Prudente…

El fantasma del Castillo de San Servando no ha vuelto a verse en las almenas desde que Don Lorenzo entró sólo en el patio, capa al brazo y con hoja toledana abriendo camino. ¿Quién era el fantasma del Castillo? Sólo Don Lorenzo lo supo y nadie más consiguió extraerle esta información, a la que el capitán respondía con una leve sonrisa cuando algún pilluelo o soldado le interrogaba sobre tan maligna presencia.

Narra esta leyenda que desde entonces el fantasma desapareció merced al arrojo de nuestro héroe…  ¿Pero en la actualidad alguien se ha interesado por lo que residentes y trabajadores del Castillo han sentido en numerosas ocasiones?

¿Quién será el nuevo Capitán que haga frente a la “presencia” que de nuevo algunos allí han visto para que descanse otros cientos de años más?

Notas:

Vicente Mena escribió esta leyenda el 20 de diciembre de 1923 en la revista Toledo, número 191. También puedes leer versiones en el libro “La vuelta a Toledo en 80 Leyendas” de Javier Mateo y Luis Rodríguez Bausá y en la antología de Luis Moreno Nieto.

En el blog “Toledo Olvidado” puedes consultar un interesante artículo sobre el Castillo de San Servando, con fotografías del siglo pasado de la fortaleza y su evolución. Además ofrecen la leyenda original, escaneada. Enlace: http://toledoolvidado.blogspot.com/2010/06/el-castillo-de-san-servando.html

¿Has estado alojado en la residencia juvenil que hay en el Castillo? ¿Trabajas allí? ¿Cuál ha sido tu experiencia? Déjala en los comentarios.

Publicación inicial: 26/3/11

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