Quien haya pasado alguna vez por el Hospital Provincial de Toledo probablemente recuerde sus galerías, los pabellones de ladrillo y la extraña sensación de encontrarse en un hospital de otra época. El edificio que se extiende por los cerros próximos al castillo de San Servando fue concebido hace un siglo y conserva todavía buena parte de aquella arquitectura.
Dentro hay un lugar mucho menos conocido. Una capilla construida con el hospital y modificada después, vinculada durante décadas a las religiosas que atendían a los enfermos. En su interior encontramos hoy una reproducción de una obra de Luis Tristán que perteneció al antiguo Hospital de la Misericordia.
La historia se vuelve bastante más antigua al mirar el terreno sobre el que se construyó. Cuando comenzaron las obras del Provincial todavía permanecían allí las ruinas de un monasterio medieval, con restos de su claustro y de otra capilla que desaparecieron durante la construcción, muy cerca del famoso Castillo de San Servando.
Del Hospital de la Misericordia a San Servando
El Hospital Provincial que conocemos abrió sus puertas en el siglo XX, pero la institución de la que procede existía en Toledo desde la Edad Media.
El fondo documental del Hospital Provincial de la Misericordia conserva una referencia de 1429, cuando Urraca Martínez donó una viña a los hermanos del Hospital de Señora Santa María de la Misericordia. La institución quedó posteriormente vinculada a Guiomar de Meneses, esposa de Lope de Gaitán, que cedió propiedades y rentas para su sostenimiento.
Tras diferentes ubicaciones, en 1618 el hospital se instaló en las casas de los condes de Arcos, junto a la actual plaza de Padilla. Allí permaneció durante más de tres siglos.
La asistencia sanitaria de comienzos del XX planteaba necesidades que aquel viejo edificio difícilmente podía resolver. Los nuevos criterios médicos exigían ventilación, aislamiento de determinadas enfermedades, quirófanos adecuados, pabellones diferenciados y espacios concebidos desde el principio para atender enfermos.
La Diputación llevaba años buscando una solución. En 1909 llegó a aprobar una partida para construir un hospital moderno por el sistema de pabellones y se estudiaron distintos terrenos. En 1916 empezó a tomar fuerza el emplazamiento que finalmente prosperaría: los cerros de San Blas, junto al castillo de San Servando. Rafael del Cerro Malagón ha reconstruido con detalle aquel largo proceso a partir de la documentación provincial.
La finca elegida era conocida como Cigarral del Alcázar. La Diputación la compró el 8 de julio de 1925 a Jesús Echevarría Sainz de la Maza por 45.000 pesetas. Sobre aquellos terrenos quedaban todavía construcciones bastante más antiguas.
Las ruinas del monasterio de San Servando
Hoy tendemos a identificar San Servando con el castillo. Durante siglos existieron allí dos conjuntos diferentes. En las inmediaciones de la fortaleza estuvo el monasterio de San Servando, cuya historia medieval es compleja y en algunos periodos no está suficientemente documentada. Y a comienzos del siglo XX sus restos todavía podían verse.
Manuel Castaños y Montijano estudió aquellas ruinas poco antes de su desaparición. Rafael del Cerro señala que publicó su investigación en enero de 1927 y que documentó mediante fotografías restos que identificó como pertenecientes a un claustro, varios arcos cegados y la capilla, que ya había perdido la cubierta.
Toledo Olvidado ha recuperado además fotografías aéreas y terrestres anteriores a las obras en las que aparecen esas estructuras junto al castillo. Su investigación sitúa su desaparición precisamente en 1927, durante la preparación de los terrenos para construir el Hospital Provincial.
Entre los planos originales del Hospital Provincial conservados en el fondo del arquitecto Manuel Sánchez Arcas hay uno cuyo título no deja duda: «Ruinas derribadas con motivo de la construcción del Hospital Provincial. Planta y sección».
Así que cuando comenzaron a levantarse los nuevos pabellones no se trabajó sobre un terreno vacío. Parte del complejo hospitalario ocupó el espacio donde permanecían aquellas ruinas y su construcción supuso su desaparición. Lo que no podemos afirmar con la documentación disponible es que la capilla actual del hospital esté levantada exactamente sobre la antigua capilla del monasterio. Sería una coincidencia magnífica para contarla, pero necesitaríamos superponer con precisión las plantas históricas y disponer de referencias arqueológicas suficientes.
Un hospital de 220 camas
En 1926 se celebró el concurso definitivo. Las bases pedían un hospital para 220 enfermos, con pabellones de Cirugía, Medicina General, enfermedades infectocontagiosas, tuberculosos, quirófanos y administración. El presupuesto máximo ascendía a dos millones de pesetas e incluía abastecimiento de agua, evacuación hasta el Tajo, depuración de aguas residuales y horno crematorio.
También figuraban expresamente un pabellón para las Hermanas de la Caridad y una capilla.
El primer premio y la dirección de las obras fueron adjudicados al proyecto presentado por Manuel Sánchez Arcas, Luis Lacasa y Francisco Solana. La elección tiene interés más allá de Toledo. Sánchez Arcas y Lacasa pertenecían a la generación de arquitectos que durante aquellos años estaba introduciendo en España planteamientos funcionales y racionalistas. En un hospital podían aplicarse con especial claridad: orientación de los pabellones, circulación de pacientes y personal, ventilación, luz natural, separación de enfermos y comunicación entre servicios.
El proyecto completo puede estudiarse hoy gracias al extraordinario fondo de Sánchez Arcas conservado en la UPM, en este enlace.
La capilla estaba allí desde el proyecto original
Entre aquella documentación encontramos el «Esquema orgánico del pabellón de capilla, convento y viviendas de los capellanes».
La precisión del nombre ayuda a entender cómo funcionaba el Hospital Provincial en sus primeros años. La capilla no era una estancia reconvertida posteriormente ni una incorporación realizada durante el franquismo. Formaba parte del proyecto de los años veinte y estaba asociada al convento de las religiosas y a las viviendas destinadas a los capellanes.
Las Hermanas de la Caridad llevaban mucho tiempo vinculadas a los establecimientos asistenciales de la Diputación y continuaron trabajando en el nuevo hospital. El archivo de la Escuela de Arquitectura conserva un álbum excepcional del hospital una vez construido: 64 fotografías de sus edificios y dependencias.
La relación de imágenes incluye el pabellón de Medicina General, tuberculosos, infecciosos, quirófanos, autopsias y depósito de cadáveres, galerías, patios, convento y administración.
Y cuatro fotografías dedicadas a nuestra protagonista: dos de la fachada principal de la capilla y dos de su interior.
Esas imágenes son especialmente útiles porque permiten comparar el espacio original con las modificaciones realizadas posteriormente.

Una inauguración con Alcalá-Zamora y Azaña
Las obras se prolongaron durante varios años y atravesaron dos regímenes políticos. El hospital proyectado durante la dictadura de Primo de Rivera terminó inaugurándose durante la Segunda República.
El acto oficial tuvo lugar el 20 de enero de 1933 y contó con la presencia del presidente de la República, Niceto Alcalá-Zamora, y del presidente del Consejo de Ministros, Manuel Azaña.
Las fotografías de aquella jornada permiten ver autoridades, médicos, practicantes y personal sanitario recorriendo unas instalaciones prácticamente recién estrenadas.
La vida cotidiana del nuevo Hospital Provincial comenzó en aquellos pabellones comunicados por galerías, con las religiosas instaladas en su convento y la capilla formando parte del funcionamiento ordinario del centro.
Una capilla reformada treinta años después
La que podemos contemplar actualmente no debe identificarse sin más con aquella capilla de 1933. En junio de 1959, la Diputación acordó destinar parte de una subvención de dos millones de pesetas para la lucha contra el paro a «adaptar y reformar la capilla del Hospital Provincial».
El proyecto adquirió poco después una dimensión considerable. En la sesión del 30 de octubre de 1959 se aprobó formalmente la reforma y ampliación de la capilla, con un presupuesto de 555.000 pesetas y ejecución prevista durante 1960.
Las obras dieron problemas.
El 26 de julio de 1960 la Diputación tuvo que aprobar una nueva ampliación por 91.261,66 pesetas debido, según recoge literalmente la documentación provincial, a «defectos de la fábrica existente».
Las fotografías de los años treinta y la documentación de 1959 y 1960 permiten distinguir, por tanto, dos momentos de la capilla: el espacio concebido por Sánchez Arcas, Lacasa y Solana y el resultado de la importante intervención ejecutada casi tres décadas después.
Una Virgen de Luis Tristán
En la capilla actual encontramos otro vínculo con el pasado del hospital. Presidiendo uno de sus testeros aparece una gran imagen de la Virgen de la Misericordia. María extiende los brazos y el manto sobre varias figuras arrodilladas, mientras un grupo de ángeles ocupa la parte superior.

La fotografía actual que acompaña este artículo fue tomada en la propia capilla. La imagen que vemos allí no es el lienzo original, sino una reproducción. El original es obra de Luis Tristán, nacido hacia 1585 y fallecido en 1624, uno de los pintores más destacados del círculo del Greco.
El Instituto del Patrimonio Cultural de España conserva el expediente de restauración de la obra y la identifica expresamente como «Virgen de la Misericordia», óleo sobre lienzo de Luis Tristán, procedente del Hospital Provincial de Toledo, propiedad de la Diputación Provincial. La restauración se desarrolló entre 1995 y 1997. (Ver aquí)
La pintura pertenece a una historia institucional mucho más antigua que el edificio de San Servando y está relacionada con el antiguo Hospital de la Misericordia. El traslado de la institución permitió conservar un patrimonio artístico procedente de siglos anteriores, aunque no hemos localizado todavía un inventario que permita establecer cuándo se instaló exactamente el lienzo en la capilla del nuevo hospital ni las distintas ubicaciones que pudo tener dentro del complejo.
El original acabó depositado por la Diputación en el Museo del Greco, mientras en la capilla del Provincial permanece la reproducción que aparece en las fotografías actuales.



