En la actualidad estamos acostumbrados a convivir con sistemas automáticos, robots con inteligencia artificial, ordenadores y un gran despliegue de tecnología, que sigue avanzando. Hace siglos, en Toledo, también se crearon sencillos autómatas mecánicos que dejaron muy sorprendidos a los que pudieron observarlos. Y hoy os contamos dos ejemplos: el famoso “Hombre de palo” y otro menos conocido, la estatua que “cobraba vida” en la Catedral de Toledo.

Una importante muestra finalizada el pasado 1 de marzo de 2020 en The Metropolitan Museum of Art de Nueva York: “Making Marvels: Science & Splendor at the Courts of Europe” nos ha servido para recordar una “maravilla” que fue creada por un insigne toledano de procedencia italiana en el siglo XVI. Cada poco tiempo esta conocida “leyenda” de la Ciudad Imperial renace y es recuperada por algún museo, artículo en Internet, redes sociales o documental con gran éxito, como si fuera el último descubrimiento de la década, cuando es una leyenda que se cuenta a diario en Toledo.

La importancia de Toledo como sede real, ciudad imperial y corte palaciega, hizo que no fueran pocos los grandes personajes que residieron o pasaron alguna temporada a la sombra del poder. Hasta que en 1561 Felipe II se llevó la capital a Madrid, en Toledo estuvieron grandes médicos, arquitectos, ingenieros, literatos o militares que hicieron brillar a la ciudad en toda Europa.

Entre ellos, destacó el ingeniero e inventor nacido en Cremona, Juanelo Turriano, del que ya os hemos hablado en otras ocasiones. En 1556 llega a tierras castellanas llamado por Carlos I, como relojero de la corte, construyendo el famoso Cristalino, que indicaba la posición de los astros con una exactitud sorprendente para la época. Como mente avanzada, buscó dar soluciones técnicas a problemas cotidianos, como fue el abastecimiento de agua a Toledo, subiendo mediante un “artificio” el agua desde el Río Tajo salvando una pendiente de 90 metros. Es muy conocido en Toledo el “autómata” que creó y estuvo un tiempo asombrando a los que circulaban por una de las calles más céntricas de Toledo:

El Hombre de Palo

En la exposición anteriormente citada de Nueva York se ha exhibido un curioso muñeco mecánico, un autómata, con forma de monje:

The Moving Monk. (1550), atribuido a Juanelo Turriano. Fuente: National Museum of American History, Smithsonian Institution, Washington, D.C.
The Moving Monk. (1550), atribuido a Juanelo Turriano. Fuente: National Museum of American History, Smithsonian Institution, Washington, D.C.

¿Qué relación puede tener este pequeño autómata con la leyenda del Hombre de Palo de Toledo? Es probable que este monje de madera de unos 40 cm. de alto fuera un precursor del autómata o “robot” que estuvo ubicado en una céntrica calle toledana. El relojero parece que acostumbraba a sorprender al Emperador con autómatas de este tipo, como se observa en esta obra de Miguel Jadraque y Sánchez de Ocaña:

Miguel Jadraque y Sánchez de Ocaña (1840-1919): «Carlos V en Yuste». Se observa a Juanelo Turriano, de pie, con barba blanca al lado del Emperador, que está sentado a la izquierda. En este cuadro se representa el momento en el que Juanelo muestra el funcionamiento de un autómata al Emperador y monjes del Monasterio de Yuste, donde pasaba sus últimos días Carlos V. El autómata consiste en dos figuras, un soldado que golpea con su espada a un Turco Otomano, cosa que seguramente agradaba bastante al Emperador.
Miguel Jadraque y Sánchez de Ocaña (1840-1919): «Carlos V en Yuste». Se observa a Juanelo Turriano, de pie, con barba blanca al lado del Emperador, que está sentado a la izquierda. En este cuadro se representa el momento en el que Juanelo muestra el funcionamiento de un autómata al Emperador y monjes del Monasterio de Yuste, donde pasaba sus últimos días Carlos V. El autómata consiste en dos figuras, un soldado que golpea con su espada a un Turco Otomano, cosa que seguramente agradaba bastante al Emperador. (Fuente)

Estos pequeños muñecos con alguna función mecánica, que actualmente no nos llamarían la atención, eran sistemas automatizados muy avanzados para la época, realizados con decenas de poleas y coronas metálicas, cuerdas y mecanismos que funcionaban dándoles cuerda, como si fueran un reloj, pues se inspiraban en este tipo de dispositivos.

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Juanelo Turriano murió siendo muy pobre, pese a haber sido relojero de dos emperadores (y matemático mayor de Felipe II) y con enormes deudas un 13 de junio de 1585 en Toledo. Actualmente, la Calle Hombre de Palo en Toledo recibe este nombre debido a una especie de muñeco de madera, con forma de hombre que Juanelo Turriano construyó utilizando su amplia experiencia como relojero con el posible objetivo de recaudar algo de dinero ante la ruina que para él había supuesto la construcción de sus dos grandes “artificios” que permitieron subir el agua a Toledo desde el Tajo, y de los que nunca cobró prácticamente nada…

Hombre de Palo, recreación en Rutas de Toledo
Hombre de Palo, recreación en Rutas de Toledo

El “Hombre de Palo” que según algunos autores de la época se paseaba por esta calle, movía brazos y piernas, o hacía una reverencia cuando alguien echaba una moneda en una pequeña caja que portaba en sus manos, terminó dando nombre a la calle, por lo curioso de su presencia allí. Numerosas personas incluso de poblaciones cercanas se acercaban a esta calle a conocer la nueva maravilla del inventor italiano. (Lee aquí la leyenda completa)

Hombre de Palo
Calle Hombre de Palo, en Toledo.

Imaginad a las personas que pasaban por esa calle, hace 500 años, cuando no existían los robots, ni muñecos articulados y automáticos actuales, que se mueven con electricidad… En aquella época no se conocía la electricidad; todo el movimiento de este muñeco se realizaba mediante complejos mecanismos ocultos, como un reloj de gran tamaño.

Cuenta también la leyenda que el “Hombre de Palo” de Juanelo Turriano fue quemado por la Inquisición, para evitar el revuelo y la fascinación que tan peculiar personaje causaba en los residentes y visitantes de Toledo.

Juanelo hizo más autómatas similares, aunque de menor tamaño, en este vídeo podéis ver uno que se cree fue realizado por Juanelo Turriano y se conserva en el National Museum of American History, Smithsonian Institution, Washington, D.C. de Estados Unidos:

La estatua que se levantaba y rezaba en la Catedral de Toledo

La gran Catedral de Toledo es una ciudad en sí misma que guarda cientos de secretos y curiosidades. En alguna ocasión ya os hemos desvelado algunos (ver los rincones ocultos o curiosidades de la Catedral). En relación al tema que tratamos, sobre automatismos antiguos, encontramos una vieja tradición de la Capilla de Santiago o del Condestable, que fue construida entre 1435 y 1440 en estilo gótico flamígero por Hanequín de Bruselas y costeada por el condestable D. Álvaro de Luna, favorito de Juan II que tras caer en desgracia, fue decapitado en 1453. En el centro de la capilla se encuentran los sepulcros de D. Álvaro de Luna y Dª. Juana Pimentel, su esposa, que gracias a ella pudo finalizarse.

Capilla de Santiago, Catedral de Toledo. Foto: Wikipedia.
Capilla de Santiago, Catedral de Toledo. Foto: Wikipedia.

Además de la enorme riqueza y decoración de la capilla gótica, se cuenta sobre ella:

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“Levantaron en mitad de la capilla un magnífico mausoleo de bronce dorado, ornado de estatuas que recibían movimiento por medio de resortes, viéndose en el centro la del condestable, armada de pies a cabeza y asentada sobre un gran bulto de oro.”

La tradición cuenta que la estatua del condestable era una figura de bronce que, mediante ciertos resortes, se levantaba y arrodillaba cuando decían misa.

Hoy en día la capilla no se encuentra tal y como describían estos cronistas, pues el sepulcro en su estado original pudo ser destruido en algún tumulto promovido por los enemigos del maestre en 1449 o que el infante don Enrique, hijo del rey don Fernando de Aragón, lo echó por tierra en 1440 o 41, cuando entró por fuerza a Toledo, saciando de este modo el odio que a don Álvaro de Luna profesaba, mientras estaba en vida.

Otros autores opinan de forma diferente, asegurando que el túmulo “automatizado” de don Álvaro de Luna fue ordenado desmantelar por la reina Isabel la Católica, mucho tiempo después de la muerte del condestable. Dice el cronista Eugenio Robles:

“Noticiosa la reina de que eran causa de groseras supersticiones las estatuas que había a los extremos del sepulcro, por levantarse al comenzar la misa, volviendo a su estado natural después de concluida, mandó derribar el enterramiento de bronce, poniendo en su lugar el que hoy se contempla en medio de la capilla.”

Aún así, según apunta Sixto Ramón Parro, bien pudo ser destruido por el infante y posteriormente reconstruido de nuevo por D. Álvaro, llegando así hasta la Reina Católica prácticamente intacto.

Sea como fuere, el sepulcro con el resorte desapareció y en su lugar hizo labrar su hija Doña Marta de Luna en 1489 el que ahora vemos.

No hay mucha más información sobre esta estatua, su creador y cómo funcionaba. Ciertamente hubo de ser un espectáculo entre sorprendente y misterioso para las gentes del siglo XV observar cómo, al comienzo de la misa, unos chirridos metálicos comenzaban a extenderse por las naves de la Catedral mientras la estatua del que fuera condestable de Castilla se levantaba, brillando su bronce y así permanecía hasta el final de la misa, volviendo a su posición. Imaginen el tumulto que durante unos minutos causaría entre los asistentes al desviar su atención… Una gran pérdida para la Catedral que o bien fuera destruida durante los tumultos o la reina Isabel decidiera desmontarla por la distracción que suponía.

Descripción de la estatua por Sixto Ramón Parro, en su "Toledo en la Mano" en 1857
Descripción de la estatua por Sixto Ramón Parro, en su “Toledo en la Mano” en 1857

Fuente: Moreno Nieto, L. (2001): La Catedral de Toledo en clave de anécdotas. Toledo: Imprenta Serrano.

En relación a esta capilla de Santiago, que os recomendamos siempre visitar cuando accedáis a la Catedral, hay otra leyenda o tradición muy curiosa, que puedes leer aquí: “La tertulia de los muertos“.

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