Un artículo en el que os contamos algunas anécdotas y curiosidades de la Semana Santa de Toledo, declarada de Interés Turístico Internacional, escrito por José García Cano.

Bécquer y la Semana Santa de Toledo

Uno de los autores que habló de la Semana Santa toledana fue el universal Gustavo Adolfo Bécquer, el cual ya dijo que nuestras celebraciones de estos días eran sobrias y austeras y conservaban fielmente la tradición cristiana y comparándola con la Pasión de Sevilla, que él tan bien conocía, apuntaba que esta última era una mezcla de fervor y paganismo, de fastuosos lujos y grotescas bufonadas, que alejaban del espíritu de recogimiento que se necesitan estos días. Por tanto nuestra Semana Santa es realmente diferente. Lejos de ubicarla como la mejor Semana Santa de nuestra región o de nuestro país, la ponemos la etiqueta de celebración distinta, especial, momento de recogimiento y de contrición, de acercamiento a Cristo y su padecimiento.

En la prensa del XIX

Y descubramos como la prensa del XIX nos ofrece también una visión interesante de la Semana Santa toledana. El artículo en cuestión lo firmó Juan Pérez Calvo y se publicó en el diario “El laberinto” de primero de marzo de 1845 y arranca con estos versos de Zorrilla:

Negra, ruinosas, sola y olvidada
hundidos ya los pies entre la arena
allí yace Toledo abandonada
azotada del viento y del turbión.

Mal envuelta en el manto de sus reyes
aún asoma su frente carcomida:
esclava, sin soldados y sin leyes
duerme indolente al pie de su blasón.

A continuación  se nos describe como eran esa Semana Santa del momento, muy distinta a las antiguas que se celebran en la imperial Toledo; antaño venían gentes de todos lados a presenciar tan egregia celebración, apiñándose las gentes en las calles como las casas del casco histórico se apiñan dentro de sus muros. Se nos recomienda asistir al oficio de tinieblas, a los sagrados oficios del Jueves y Viernes Santo, los cuales se celebraban de pontifical con mucho brillo y esplendor, asistiendo el arzobispo de Toledo acompañado de catorce dignidades cubiertas con sus mitras y vistiendo ricos ternos. Importante era presenciar también la solemne bendición de los Santos Óleos, en la mañana del Jueves Santo, conforme indica el ritual romano. Los toledanos sabedores de la tradición, cogían sitio preferente para disfrutar de la ceremonia del lavatorio de los pies que realizaba el arzobispo. Era habitual al igual que en la actualidad, recorrer los monumentos de los diferentes templos de la ciudad.

Las procesiones del siglo XIX

"Petimetra española, con manto según se visten en la Semana Santa"
“Petimetra española, con manto según se visten en la Semana Santa”

Pero si había algo que sorprende al cronista eran las procesiones que salían por las calles de Toledo de aquél año 1845, que reflejaban perfectamente la Pasión y muerte del Redentor. Parece ser que antiguamente la primera procesión que tenía lugar en Toledo era la que salía de San Juan de los Reyes y en la que se representaban los pasos de la Oración en el Huerto, que costeaba el gremio de albañiles y carpinteros. También salía “el del Improperio”, al que se conocía vulgarmente como el de la bofetada, acompañado por los miembros del gremio de los sederos, actividad muy habitual en el Toledo de hace siglos. Continuaba la procesión con el cristo de la Humildad, al que seguimos teniendo mucha devoción en la ciudad, y que era acompañado por los frailes franciscanos y cerraba la misma la imagen de la Dolorosa y un Crucifijo.

Por otro lado había otra procesión el Jueves Santo que era costeada por las devotas y devotos de la cofradía de la Veracruz (recuerde que hay una leyenda muy antigua sobre este Cristo) y en ella llamaban la atención los pasos de la Cena, el de Jesús con la cruz a cuestas, el paso de la elevación de la Cruz, el del Crucifijo (llamado de las Aguas y que recuerda cierta leyenda muy antigua) y un muy venerado Lignum Crucis.

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Los armados de Toledo

"Armado" durante la Semana Santa de Toledo
“Armado” durante la Semana Santa de Toledo actual. Foto: David Utrilla.

Pero la procesión más grande y que más excitaba la curiosidad de toledanos y visitantes es la que salía durante la tarde del Viernes Santo de la parroquia mozárabe de las Santas Justa y Rufina. En ella destacaba el Descendimiento de la Cruz al que le seguían 27 hombres armados con cota de malla con yelmos, petos y espaldares, un gracioso tonelete de seda, espada al cinto y empuñando enormes alabardas.

Eran los miembros del oficio de la seda los que conservaban esta ancestral tradición y se añade que había desaparecido una tradición mediante la cual se vestía de negro a los miembros del gremio de los sastres, a los cuales se les colocaba un corpiño, que terminaba en un elevado gorro piramidal. Entre los armados antes citados caminaba al que se conocía como maestro de campos, junto al alférez que portaba una lanza y al alabardero quien llevaba una bandera con un sol pintado, una luna y las estrellas. Seguía a estos tres miembros un muchacho, también con armadura completa y a quien se le conocía con el nombre de “morrilel”. También circulaba entre ellos el sargento, con su alabarda punta abajo y sin tocar la tierra. Todos ellos custodiaban el paso del Santo Sepulcro y cerraban la procesión el estandarte y Nuestra Señora de la Soledad, sonando de vez en cuando las trompetas que portaban otros fieles vestidos de negro.

La bendición del Cirio Pascual

El sábado por la mañana posterior al Viernes Santo, tenía lugar una ceremonia curiosa, que era la de bendecir el Cirio Pascual. Para ello salía de la sacristía el maestro de ceremonias y detrás los acólitos que conducían el cirio en procesión llevando dos corderos vivos y uno de cera, iluminado por muchas luces. Una vez que el cirio había sido bendecido, se introducían los acólitos en el coro y recorriendo los asientos de los canónigos a cada uno le van ofreciendo los corderillos y “al dar estos muestras de un topetazo”, contestaban los canónigos: “para vosotros”.

Finaliza la crónica con la recomendación al lector de visitar la Catedral Primada de Toledo, las iglesias y monasterios tan ricamente adornados estos días, el mando de perlas de la Virgen, el ochavo donde había tantas reliquias y ricos metales. Por otro lado era de obligada visita en la ciudad algún que otro monumento como San Juan de los Reyes, el Alcázar, el grandioso Hospital de Afuera (o Tavera) y la “casa de locos” (refiriéndose posiblemente al edificio del Nuncio Nuevo). Era todo un perfecto plan para pasar una fantástica Semana Santa en Toledo.

La Semana Santa de 1648

Portada del libro “D. Baltasar de Moscoso i Sandoval” de 1680 donde se narran las costumbres de este arzobispo toledano en el periodo de Semana Santa
Portada del libro “D. Baltasar de Moscoso i Sandoval” de 1680 donde se narran las costumbres de este arzobispo toledano en el periodo de Semana Santa

A continuación recuperamos un interesante libro del siglo XVII, titulado “D. Baltasar de Moscoso i Sandoval, presbítero Cardenal de la S.I.R. del título de Santa Cruz en Ierusalem, arzobispo de Toledo, primado de las Españas, Canciller Mayor de Castilla, del Consejo de Estado, i Iunta del Gobierno Universal de la Monarquía…”, escrito por F. Antonio de Jesús y María (O.C.D.) y en el que se refieren los trabajos, obras y cambios que realizó el arzobispo Moscoso y Sandoval en el arzobispado toledano. En el capítulo IX titulado “Vuelve a Toledo la Semana”, se nos explica cómo vivió Toledo y por extensión el arzobispo Moscoso aquella Semana Santa de 1648. Parece ser que Moscoso había estado de recogimiento en La Sisla durante doce días, al final de los cuales volvió a Toledo para poder asistir el Domingo de Ramos y las celebraciones de la siguiente semana.

Entre las costumbres que practicaba nuestro arzobispo, se informa que tanto el Jueves como el Viernes Santo, comía unas hierbas. Mientras recorría las estaciones, daba por su mano diversas limosnas y al adorar la cruz un doblón; a las demandas y pobres les ofrecía “reales de a cuatro y de a dos”. Como el arzobispo visitaba muy temprano los monumentos, eran tantos los fieles que concurrían a conmover la misericordia del arzobispo, que era muy difícil moverse entre la muchedumbre. Se atropellaban unos y otros para acercarse a don Baltasar y conseguir su bendición limosna.

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Imaginamos por un momento todas las calles de Toledo abarrotadas de gentes de la ciudad y de otros pueblos, escena tan extraña en estos días de confinamiento. Eran tantas las gentes que se acercaban a él, que como dice el documento le “daban no pocos empellones al Cardenal”, el cual solía decir “tengamos paciencia…” Esta costumbre parece que la siguió el Cardenal todas las Semana Santas que permaneció en nuestro arzobispado.

El monumento en la Catedral

El Monumento de la Catedral en Semana Santa
El Monumento de la Catedral de Toledo en Semana Santa

Luz eléctrica por primera vez en Toledo en un acto público

Uno de los elementos característicos en la Semana Santa de Toledo y que visitaban habitualmente los toledanos era el monumento que se levantaba en la Catedral. Este famoso monumento que había sido inaugurado en 1807 bajo el mandato del arzobispo don Luis de Borbón era de madera pintada, imitando mármoles y jaspes. Era habitual armarlo en el trascoro, debajo de las dos últimas bóvedas de la nave central siendo las estatuas que le adornan obra del escultor Joaquín Arali. Este monumento fue modificado en el año 1890, en tiempos del Cardenal Payá. En este momento el obrero mayo don Wenceslao Sangüesa tuvo la feliz idea de iluminar el interior del tabernáculo con un foco de la recién llegada luz eléctrica. Una vez obtuvo la autorización del Prelado y del Cabildo catedralicio, solicitó la ayuda y colaboración del director de la Sociedad Eléctrica, la cual colaboró con el obrero mayor.

Se colocaron estratégicamente varios focos en la parte interior y delantera de la cornisa del tabernáculo, colocados de tal manera que no se veían desde fuera. Los fieles que aquella Semana Santa de 1890 acudieron a la Catedral quedaron gratamente sorprendidos por aquella novedad que adelantaba todo lo que la luz eléctrica iba a suponer para nuestras vidas.

Los visitantes del monumento se sorprendieron gratamente al descubrir aquella intensa luz que inundaba todo el tabernáculo, siendo como apunta doña Pilar Tormo Martín de Vidales en su libro sobre el Cardenal Payá, “la primera vez que se utiliza en Toledo la luz eléctrica en un acto público”.

Cristos de leyenda

*La Semana Santa de 2020, que se iba a celebrar del 5 al 12 de abril, fue cancelada con motivo de la pandemia por coronavirus, y probablemente sea una de las pocas ocasiones que esto ha sucedido.

Texto: José García Cano – 09 de abril de 2020.

FUENTES

  • El Cardenal Payá, apuntes para una biografía. Pilar Tormo Martín de Vidales, 1992.
  • La Catedral de Toledo: descripción grápica y elegantissima de la S. Iglesia de Toledo : 1549. Ramón Gonzálvez Ruiz, Blas Ortiz, Felipe Pereda, 1999.
  • D. Baltasar de Moscoso i Sandoval, presbítero Cardenal de la S.I.R. del título de Santa Cruz en Iervsalem. Arzobispo de Toledo, Primado de las Españas, Canciller Maior de Castilla… F. Antonio de Jesvs María, 1680.
  • Toledo pintoresco o descripción de sus más célebres monumentos. Rodrigo Amador de los Rios, 1845.
  • Diario El Laberinto nº 9, Tomo II, de 01-marzo-1845.

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Imágenes del diario El Laberinto nº 9, Tomo II, de 1-marzo-1845.

Una procesión de Semana Santa por la Calle Comercio de Toledo. Foto: David Utrilla
Una procesión de Semana Santa por la Calle Comercio de Toledo. Foto: David Utrilla

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